Oriol Junyent emula a Sabonis

M.G. REIGOSA SANTIAGO / LA VOZ

DEPORTES

XOÁN A. SOLER

El pívot del Obradoiro ya se sitúa entre los 40 mejores reboteadores que hay en la ACB

21 ene 2014 . Actualizado a las 17:59 h.

El Oriol Junyent de las tres últimas jornadas en el Obradoiro recuerda al Arvydas Sabonis que llegó tardíamente a la NBA, pero con la sapiencia suficiente para dejar su impronta en Trail Blazers de Portland.

Hay pívots que no necesitan apenas despegar los pies del suelo para cazar rebotes; desde el poste alto, distribuyen juego como si fueran bases; en el poste bajo son capaces de hacer foxtrot; en la media distancia tienen buena mano; e incluso se atreven desde la línea de tres cuando hay tiempo para armar el brazo.

Junyent empezó el curso con escasa presencia en el juego. Pero, a medida que fueron bajando las prestaciones de Minnerath, hasta el punto de dejar el equipo, crecieron sus minutos y su aportación. En las tres últimas jornadas está firmando números que recuerdan su mejor temporada en la ACB, cuando militaba en el Granada, en el curso 01/02: ante el Estudiantes, 17 puntos, 4 rebotes y 22 de valoración; en Sevilla, 11, 12 y 19; y el domingo, en Murcia, 16, 10 y 23.

Esta última estadística le ha valido para entrar ya entre los 40 mejores reboteadores en la historia de la ACB. Ocupa la trigésimo novena posición, con 1884 capturas, por delante de Corny Thompson. Con un par más adelantará a Luis Scola.

No recuerda con exactitud cuál es su mejor registro anotador en los 440 partidos que lleva en la ACB, pero cree que un par de veces se fue hasta los 26. Y con los rebotes le suena que, también en dos ocasiones, acabaron en sus manos 18 rechaces. De lo que no tiene duda es de que siempre disfruta con el baloncesto, y cada día más.

Tándem con Muscala

Su conocimiento del juego le permite adaptarse a más de una situación. En los primeros partidos solo salía para dar minutos de descanso a Muscala. Pero cada vez es más frecuente que coincidan en la cancha las dos torres del equipo, y los resultados dicen que mezclan bien.

La semana pasada el propio Muscala hablaba de su compañero: «Oriol me ha convertido en un jugador mucho mejor. Es muy difícil jugar contra él en los entrenamientos todos los días. Me enseña cosas como el timing de juego, cómo jugar en el poste tanto ofensivamente como defensivamente, y tantos otros consejos y trucos. Nunca he jugado contra alguien con tanta experiencia e inteligencia».

En la temporada de la LEB, cuando coincidió con Ruffin, no se daban consejos porque los dos son doctores en la materia. Pero en los entrenamientos saltaban astillas. Junto con Hopkins formaban una tripleta de ilustres que dio mucho juego. Y Kendall ponía la guinda.

Chete Pazo fue quien negoció, precisamente, el fichaje de Oriol Junyent para el proyecto del ascenso. Y tenía claro a quien traía, como jugador y como persona, ya que lo conocía desde la etapa en la que fichó por el Estudiantes: «Vino como un jugador de referencia y, al ascender, le tocó asumir otro rol. Se nota mucho cuando está bien físicamente. La verdad es que cuando enlaza continuidad y minutos, siempre responde. Ahora está en ese punto. Es un tío que tiene mucho baloncesto y muchos recursos. Muy pocos pívots pueden exhibir su juego de espaldas al aro, su movimiento de pies y su capacidad de pase».

Fue una de las claves del ascenso. Aguantó el año siguiente con un ligamento roto. Aún está en la retina el partido que valió la permanencia frente al Valencia. El pasado curso se hizo un poco a un lado, ante el empuje de Mejri, Kendall y Hummel. Y en este le está tocando recuperar un protagonismo que al principio quizás no entraba en el guion. La responsabilidad no le pesa. Y los años tampoco.