Claro que «hasta el rabo todo es toro»!, titular aplicado al Deportivo-Sporting (1-1) explicando que los marcadores mínimos, o de empate, flotan en el aire sin ofrecer garantía hasta el pitido final de unos encuentros cargados de emoción e incertidumbre. Duelos que, a pesar del poco nivel de juego, dejan una estela iluminando la esperanza de los vencedores (a veces el empate se considera una victoria) al tiempo que a los perdedores les hunde ese disgusto tan familiar en un deporte que tiene la virtud de resucitar en el campo a equipos que parecían moribundos.
Goles como el de Lopo en Alcorcón (ya hubo más en esta Liga) parece demostrar que este Deportivo no está reñido con la suerte, algo muy importante en el mundo del fútbol. El éxito de Alcorcón es como un mensaje cargado de responsabilidad cuando hay una sola salida que permitirá ver la luz al final del túnel; una sola salida aunque al buen deportivista le gustaría poder ver en el equipo coruñés otras más sólidas para escapar del temor de verse descartado para el ascenso.
El Deportivo no jugó un gran partido ayer, pero ganó, y lo consiguió de la única manera que se puede alcanzar cuando en el mano a mano no se supera al adversario: pelear hasta el minuto final, si volver la cara, tal como hizo el equipo a lo largo de todo un segundo tiempo felizmente coronado por el cabezazo de Lopo, que vale para seguir por ahora en el grupo de ascenso. Sin decaer.
Marchena vio ayer la quinta amarilla y, salvo que el comité le retire la amonestación (si el Dépor presenta recurso), se perderá el partido del domingo (18.15 horas, La Sexta) en Riazor contra el Hércules.