Machacó al Barcelona y mañana buscará su novena Euroliga
17 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Cinco décadas después de lograr la primera Copa de Europa, el Madrid se encomendó al juego que le ha dado tantos éxitos desde que Pablo Laso llegó, el que reconocen los aficionados como el estilo clásico del club merengue. Comentaba Ettore Messina -precisamente el hombre que precedió al técnico vitoriano y que encorsetó hasta el límite a base de sistemas a su Madrid- que no había que improvisar nada nuevo en una Final Four y que hacerlo suponía transmitir a la plantilla inseguridad en el trabajo anterior. Por eso, el cuadro capitalino decidió saltar a la cancha del Mediolanum Forum de Milán confiado en que para ganar al Barcelona y alcanzar el duelo definitivo, el de la novena, debía hacer las cosas a su manera.
Los culés, por su parte, habían identificado los factores que podían decidir el clásico. Xavi Pascual no suele equivocarse en el planteamiento de los duelos importantes, y contra el eterno rival tenía claro que las posibilidades de los catalanes pasaban por provocar un cortocircuito en el juego blanco, por destrozar la vía de alta velocidad que los de Laso suelen emplear en sus transiciones de la defensa al campo contrario, por cortar el cable de alta tensión por el que fluye la energía merengue. Para ello, esperaba de los suyos una defensa intensa, un rebote contundente y un ataque ordenado. Lo lograron en los primeros minutos del duelo. Hasta que apareció Sergio Rodríguez en pista.
Con él, el Madrid se desató y se reconoció en su estilo. Mirotic también cumplió con lo que se le venía exigiendo desde hace un tiempo, que aportara, aparte de sus habituales buenos números, presencia y carácter. El asesino silencioso, el rey de las estadísticas, satisfizo la petición y fue el escudero perfecto del Chacho. En el tercer cuarto, el Madrid acuchilló a los de Pascual.
Todos se fueron sumando a la fiesta de Sergio. Rudy, con su impagable y constante trabajo y calidad; Llull con su intensidad; Reyes con su labor como capitán general; los afinados Bourousis y Darden; un entonado y recuperado Carroll; Dani Díez y Mejri, en sus roles secundarios. Protagonizaron un recital como jamás se había visto. Apabullaron al eterno rival sin compasión.