Lo que no gustó de la final

DEPORTES

25 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No gustó que dos equipos de la misma ciudad española se vieran anoche obligados a jugar en un campo extranjero para dirimir el mejor de la Liga de Campeones. Que dos conjuntos tuvieran que desplazarse fuera de su país es una anormalidad que cuesta mucho trabajo aceptarla como razonable. A pesar de que hablamos de un deporte sobre el que es costumbre verter elogios olvidando que en Brasil, por ejemplo, se están viniendo abajo algunas de las viseras de las tribunas obligando a tener que trabajar las brigadas de obreros día y noche porque tampoco dan abasto para reponer una parte de las tuberías que deberán llevar agua a las instalaciones de los campos: «No se preocupe, todo estará listo y funcionará en el tiempo marcado», contestan los responsables en unas obras que se tratan de recuperar contrarreloj. Como quien dice, dentro de semana y media, «pero todo estará listo».

¿Qué las finales europeas tienen que jugarse en campo neutral? No se va a discutir. En el caso de los dos equipos vecinos, como sucede con el Atlético y Real Madrid, sí que podía aceptarse la excepción. Que tengan que desplazarse 75.000 aficionados es motivo de una preocupación que se ve aumentada por la falta de entradas. La UEFA anunció que ayer no vendería ninguna de las 24.000 localidades que retiró para sus compromisos.

Otro dato: anoche las apuestas eran muy favorables al Madrid: 1,90 por cada euro apostado. Cantidad que pasaba a 3,50 si terminaba en empate, y 4 euros por el triunfo del Atlético. Hablamos, naturalmente, de lo que se esperaba ayer. Porque de lo que sucedió ya nos informa hoy La Voz de Galicia.