La única escuela de paracaidismo que forma parte de la Federación Aeronáutica Gallega desaconseja practicar esta modalidad, puesta en cuestión por la muerte de Darío Barrio
11 jun 2014 . Actualizado a las 11:11 h.El chef televisivo Darío Barrio murió el viernes pasado tras lanzarse desde la torre del castillo de Segura de la Sierra, Jaén, en una exhibición de la modalidad de paracaidismo denominada salto base. Tenía 42 años y dos hijos. El espectáculo era un homenaje a Álvaro Bultó, muerto hace diez meses del mismo modo. De entre los cientos de reacciones emitidas en las redes sociales se desprende un cierto cuestionamiento de los aficionados a una práctica con muchos accidentes fatales en su haber.
Base es, en realidad, un acrónimo de las palabras inglesas buildings, antennae, span, earth (edificios, antenas, vanos de puentes, tierra), que son los lugares desde donde se salta: es decir, que no se hace desde un avión, como el paracaidismo normal. Y esto es lo que genera el riesgo: la altura es insuficiente para tolerar errores.
David Doval es instructor de la única escuela de paracaidismo de Galicia reconocida por la Federación Aeronáutica autonómica, el club Galsur (paracaidismogalicia.com), con sede social en Vigo y con su campo de prácticas en el aeropuerto de Braga. Como experto, asegura que el salto base no se practica en nuestra comunidad autónoma, pero sí lo hace uno de sus asociados portugueses. David entiende la pulsión de los adictos a la adrenalina pero confiesa que, a pesar de su larga experiencia, ni lo hizo nunca ni lo recomienda, porque saltar desde un acantilado o desde un edificio «conlleva un riesgo mucho mayor». «En el paracaidismo normal los saltos se hacen desde unos 3.000 o 4.000 metros de altura y el paracaídas se abre a mil metros del suelo. Según el paracaídas sea de descenso lento o rápido, eso supone entre dos y seis minutos para llegar a tierra, tiempo suficiente para reaccionar si hay un problema. En salto base la altura suele ser muy inferior a los mil metros; si algo sale mal, no hay ocasión de corregir».
Y es que, aparte, no hay plan B. «En nuestro deporte siempre llevamos dos paracaídas: el normal y el de emergencia. Además, ahora utilizamos un ordenador que detecta la velocidad y la altura y abre automáticamente el paracaídas de emergencia a 275 metros del suelo. En salto base solo se lleva un paracaídas. El segundo no tiene sentido: si no se abre el principal, no da tiempo a desplegar el de emergencia».
Hay una cierta demanda de aprendizaje de paracaidismo en el club de Doval, sobre todo en los meses de tiempo más apacible; Galsur ofrece tanto saltos en tándem (el novato salta unido a un instructor) como cursos para aprender a saltar. Pero ni este club ni casi ningún experto paracaidista se hace responsable de enseñar a practicar el salto base, que, además, solo es accesible para paracaidistas experimentados, con al menos 500 saltos. «Hay asociaciones -dice David-, pero no es un deporte reglado ni federado».
Otra cosa es el wingfly o mono de alas, que nació, según el experto, «en el paracaidismo, saltando desde un avión, para prolongar el tiempo de vuelo libre antes de que el paracaídas frene la caída. Ahora se asocia con el salto base, pero -concluye- no tiene nada que ver».