La pentacampeona, con el recuerdo del maracanazo, protagoniza escenas insólitas de lloros
03 jul 2014 . Actualizado a las 12:31 h.Cinco estrellas en el pecho no las lleva cualquiera. El orgullo de ser Brasil y jugar en casa puede convertirse en una carga demasiado pesada. Solo así se explican escenas insólitas de la canarinha en el Mundial que debe enterrar el Maracanazo, el título de Uruguay en Río en 1950 cuando todo estaba dispuesto para la victoria de la anfitriona. Desde el partido inaugural lloran varios futbolistas durante el himno, y en la peleada cita contra Chile todo estalla: se aprecia el llanto del portero, Julio César, ya antes del inicio de la tanda de penaltis, y vuelven a aflorar las lágrimas por el rostro de Neymar después de anotar su lanzamiento desde los once metros, antes incluso de que se certifique su victoria en octavos. Pasa a cuartos la todopoderosa seleçao y la escena remite a una liberación.
En brazos de Scolari, el histriónico entrenador de Brasil, llora Neymar antes de confesar sus miedos. Arrodillado aguardó su turno, en un estado de sobreexcitación a medida que dos de sus compañeros fallaban. Sintió el camino hacia el balón, apenas 35 metros, «como recorrer cinco kilómetros». «[Estoy como] si hubiera envejecido un montón de años. Tenía una edad antes de lanzar el penalti y ahora tengo muchos más», añadió.
David Luiz solicitó tirar primero, Willian y Hulk pidieron lanzar y, pese a sus fallos, mantuvieron el tipo. Thiago Silva, pese a los galones de capitán, lloraba sentado en un balón, tras borrarse por su fallo en la Copa América del 2011 ante Paraguay.
Fue una agonía, la tensión de un partido que solo encierra una amenaza. Ganar se supone y perder en octavos representa una humillación. Vence Brasil a Chile y Scolari se desata, habla de conspiraciones, se encierra con algunos de los periodistas más influyentes de Brasil para pedir apoyo. Y al mismo tiempo habla de que todo está bajo control, después del regreso a la concentración de la psicóloga Regina Brandao, la misma que trazó el perfil psicológico de los 23 elegidos ya en la concentración de mayo en Teresópolis.
Las dificultades ante Chile y la fragilidad del vestuario encendieron todas las alarmas, desencadenaron reuniones en Granja Comari, el búnker donde la canarinha se aislar de un clima que le puede terminar ahogando.