Ante la avalancha de crítica, ante el vendaval que tenían que enfrentar, decidieron coger por la del medio y mantener el ritmo de trabajo, confiar y definir un proceso constante y continuo que evolucionaría a medida que la cohesión de las principales piezas empezase a manifestarse.
Y así, de sesenta partidos, ganaron cincuenta, empataron cuatro y perdieron seis. Y la sensación fue que el final de temporada era una carrera endemoniada hacia la victoria y así fue y así se produjo.
El Barça ha demostrado, como dijo Panzeri en su momento, que el fútbol es la dinámica de lo impensado. El fútbol ha vuelto a superar las expectativas de los cuantificadores de victorias, de los adeptos al resultado y de la valoración zafia de unos números que mienten. El fútbol ha vuelto a elevar la calidad por encima de la cantidad. El trabajo, el dominio de los conceptos, la dirección de grupo, la paciencia y la humildad de saber dar un paso atrás a tiempo para dejar sitio a los verdaderos protagonistas. El fútbol ha puesto al entrenador en el lugar que se merece, en la dimensión superior que le tenía reservada el staff técnico, el lugar a partir del cual iniciará su proceso de dirección, acompañado de un equipo de incondicionales formados para facilitar su trabajo.
Y partiendo de esta base que se fue solidificando a través de un juego que definió su camino hacia resultados incuestionables, el FC Barcelona ha ido determinando una trayectoria inmaculada con un final de temporada apoteósico, tres títulos que ha ganado convenciendo, sufriendo y sudando, como se ganan siempre las finales, con una liga exigente y complicada.
El Barcelona ha conseguido su quinto entorchado continental, ante una Juventus que tuvo su momento para poder ganar la final. El Barça ha cerrado una temporada histórica que se dimensionará con el paso de los años y ha certificado una vez más que, partiendo de un juego determinado por el futbolista más dominante, ha sabido crear un estilo en el que el resto de jugadores se han convertido en complementos ideales para el astro argentino. Todos han cumplido su papel de forma estelar, adoptando y adaptando su talento a las exigencias generales del equipo y han consolidado una idea que se ha diversificado con el paso de los meses hasta lograr ampliar el espectro de posibilidades a un marco que pocos esperaban.
El Barcelona ha sido el mejor equipo, en un contexto institucional muy complejo, con un grado de exigencia inimaginable y con una contundencia en los términos en los que ha conseguido sus éxitos, incontestable. El fútbol ha vuelto a demostrar su grandeza, convirtiendo la debilidad en fortaleza en el momento justo de la temporada, cuando el viento golpea de cara y la mente tiende a ofuscarse. Dirigir es un arte, ser dirigido un privilegio si quien marca el camino sabe hacia dónde va.
Álex Couto es entrenador profesional de
Fútbol. Autor del libro «Las grandes escuelas del fútbol moderno»