Una competición marcada por la estricta seguridad

M. Álvarez LUGO / LA VOZ

DEPORTES

07 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Tomar parte en unos Juegos Olímpicos es el sueño que todo deportista desea realizar. «Montreal era impresionante», explica Misioné. Su compañero Díaz-Flor asegura que «entras en el estadio y lloras». Pero la cita de Canadá estuvo marcada, en cierta medida, por lo sucedido en Múnich cuatro años antes: el asesinato de once componentes de la expedición israelí por el grupo terrorista Septiembre Negro.

Los integrantes del K-4 español vivieron en sus carnes las estrictas medidas de seguridad exhibidas por la organización en Montreal. Díaz-Flor explica que «los controles eran tremendos y la villa olímpica se blindó. Un día, estábamos entrenando en el lago y empezó a llover. Caían relámpagos sobre el agua. El chófer se había llevado nuestras tarjetas acreditativas y no nos dejaron entrar en los vestuarios. Estábamos empapados. Di un paso adelante y me pusieron una pistola en la frente para impedirme el acceso. Le dije al guardia que si la guardaba, se la comía». «Por suerte, todo se solucionó poco después y el momento de tensión no fue a más», relata el palista ceutí.