El infierno tiene el suelo de cemento

j. v. lado, j. m. ferreiro CEE, CARBALLO / LA VOZ

DEPORTES

JORGE PARRI

Las rampas del mirador de O Ézaro, con zonas de hasta el 30 % de pendiente, llevaron a los corredores al límite

24 ago 2016 . Actualizado a las 08:40 h.

Esta vez, en contra de lo que ocurrió en el 2012, nadie tuvo que poner el pie en tierra, salvo los agentes de la Policía Nacional que vieron como se quemaba el embrague de su furgoneta y no podía seguir adelante. Eso sí, a más de uno seguro que le pasó por la cabeza a juzgar por las caras de sufrimiento, incluidas las de consumados escaladores, en la ascensión al mirador de O Ézaro, un verdadero purgatorio de algo menos de dos kilómetros, con rampas de hasta el 30 % de pendiente, que se convierten en el mismísimo infierno en los apenas 300 metros de curvas enlazadas con el suelo de cemento rayado porque, de otro modo, no subirían los coches en invierno.

Los especialistas calculan que, difícilmente, en el pelotón profesional un grupo de escapados puede perder más de 1 minuto o 1,10 minutos por kilómetro de subida tan extrema corta y explosiva como esta, pero en O Ézaro pasa. Geniez, Pellaud y Serry, los supervivientes de la escapada, entraron en territorio dumbriés con cerca de dos minutos y medio sobre un pelotón en el que, salvo el control testimonial del Sky, todos sabían que había guardar las fuerzas para lo que se avecinaba. Un kilómetro y 800 metros después ya solo el ganador de la etapa estaba por delante de los favoritos, únicamente con 21 segundos de margen sobre el nuevo maillot rojo, Rubén Fernández. El mirador estaba claro que iba a vender caras las espectaculares vistas que ofrece sobre la cascada desde el monte de O Pindo hasta el cabo Fisterra y lo hizo hasta el punto, que la ascensión serpenteante de algunos profesionales no se diferenciaba tanto de la de decena de aficionados, incluido uno en monociclo, que lo intentaron antes, eso sí, sin los 174 y los puertos de Muros y Mazaricos, que ya traían en las piernas los integrantes del pelotón. A alguno, como Federico Zurlo del Lampre, que llegó último, en el puesto 197 a 19,28 del ganador, la ascensión se le hizo tan larga que cuando logró coronar el puerto la mayoría de compañeros ya lo habían bajado en dirección a los autobuses de los equipos.

La dureza era tal que hubo incluso quien se lo tomó a broma, como un integrante de los más rezagados del equipo Lotto, que sacó la lengua y levantó la mano para saludar justo en la rampa de cemento. Un punto en el que había espectadores concentrados desde las diez de la mañana y donde Guardia Civil y Policía Nacional hicieron un trabajo exquisito para que miles de personas agolpadas no interfirieran en el desarrollo de una prueba que ya tiene el nombre de O Ézaro y de la Costa da Morte grabado en su historia con letras mayúsculas.

La organización califica la etapa de «icono» de la ronda

La ascensión al mirador de O Ézaro es, en palabras del director de la Vuelta, Javier Guillén, «un icono del ciclismo para el resto de España», con lo que el resultado de la etapa de ayer solo se puede calificar como «una exhibición en todos los sentidos», con las perspectivas ampliamente superadas.

Al margen de la dureza del ascenso y de su espectacularidad en lo deportivo, la propia organización también ha definido el entorno, en el que el público, a golpe de lunes, respondió de forma masiva, como «uno de los sitios más bellos por los que ha pasado la ronda española en los últimos años». Toda una declaración de intenciones a futuro si se mantiene el apoyo económico.