El final de una insoportable animadversión

José M. Fernández PUNTO Y COMA

DEPORTES

Solo un duelo Pep-Mou podría eclipsar el derbi de Manchester, el 172 enfrentamiento entre los dos grandes trasatlánticos de la Premier League, ambos -algo inédito a estas alturas- invictos.

Dos años (742 días) después de su último enfrentamiento, Pep y Mou vuelven a encontrarse, las dos caras más opuestas del fútbol, el juego o el pragmatismo, el resultadismo o el romanticismo, el fútbol combinativo frente al pragmatismo... ¿o no? Quizá el paso del tiempo ha atemperado el furor inicial de dos personalidades tan extremas que en algunos momentos parecieron rozarse, como si se hubiera diluido el choque de egos que en su día provocó el terremoto que amenazó incluso con desestabilizar la fortaleza de una selección que acumuló en cuatro años dos Eurocopas y un Mundial.

En realidad, ya casi nada es lo mismo de entonces. Antes de desembarcar en el City, Pep Guardiola ha pasado por el tamiz de la Bundesliga, algo que, aseguran, ha servido para actualizar su ideario con la personalidad del fútbol alemán. Para Guardiola, el City es un otro laboratorio creativo, un reto mayúsculo para un entrenador que, dice, vive de estímulos. ¿Y Mou? El vehemente y altivo técnico portugués parece haber modificado su comportamiento en Manchester, quizá aleccionado por la severa figura de sir Alex Ferguson, o por su ruidosa destitución al frente del Chelsea. De hecho, en Old Trafford nadie pone en duda que Mou continuará con Guardiola la recién recuperada tradición de charlar amistosamente y compartir un vino tras el partido. Siempre, claro, que el United sea líder de la Premier League y que acabe el encuentro con once jugadores.