La precariedad del deporte femenino abarca todo

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

MARCOS MÍGUEZ

Varios clubes femeninos gallegos de élite resisten sin campos para jugar o entrenar, escaso material, vestuarios cochambrosos y viajes infernales

25 jun 2017 . Actualizado a las 23:55 h.

Por desgracia, las penas del Uni Ferrol no son ajenas al resto del deporte femenino gallego de élite, que a pesar de todo logra buenos resultados. Instalaciones deficientes, falta de campos para entrenar y jugar, amén de la menor disponibilidad de recursos económicos y publicitarios, son su pan de cada día.

Mecalia Guardés

«Las instalaciones son más un hangar que un pabellón»

El Mecalia Guardés acaba de conquistar su primer título de Liga en la máxima categoría del balonmano femenino y Europa ya le es territorio conocido. Pero a pesar de sus éxitos, su presidente, José Manuel Silva, denuncia la discriminación existente respecto al deporte masculino. En A Guarda se enfrentan todos los días a obstáculos como tener que entrenar y jugar en unas instalaciones que «son más un hangar que un pabellón» y con las jugadoras cambiándose en vestuarios cochambrosos. Su situación geográfica, contar con un área de influencia limitada en cuanto a habitantes de los que puedan surgir jugadoras, no disponer de residencias de estudiantes que poder brindar a sus balonmanistas o las 17 horas en autobús que se pegan para viajar a algunos partidos son el día a día con el que vive un Guardés que, a pesar de todo, ha sido capaz de alcanzar la cumbre.

Balonmán Porriño

«Tivemos que renunciar a Europa»

El Balonmán Porriño también vivió en su piel hace un par de años lo que supone decir no al sueño de competir en Europa. «Tivemos que renunciar para non asumir riscos de desestabilizar economicamente ao club porque competir en Europa esixe un orzamento aberto e decidimos non arriscar», recuerda Abel Estévez, presidente y entrenador del primer equipo, que admite que fue una decisión dolorosa para todos. En su caso, se ven respaldados por las instituciones públicas, aunque matiza que en algún caso detectan diferencias en las cuantías respecto a equipos masculinos, y es en la empresa privada donde más trabas encuentran para recabar apoyos.

CRAT

«Tuvimos que mendigar campos por toda la comarca para poder entrenar»

El CRAT, club de referencia en el rugbi gallego, ha sufrido un año de penurias en lo que se refiere a infraestructuras. La dilación en la acometida de las obras de mejora en el campo universitario de Elviña provocó un continuo peregrinaje para poder desarrollar sus entrenamientos. En octubre se vio obligado a utilizar Elviña de forma restringida, con medio campo vallado. Y eso lo combinó con otras sesiones en campos de hierba artificial, nada recomendable para los placajes. «Tuvimos que andar mendigando campos por toda la comarca y eso fue algo terrible. Y eso ha tenido un fiel reflejo en el juego porque no pudimos preparar todas las acciones que deberíamos», recuerda Jos Portos. «Y aún así fuimos subcampeonas de Liga. Mucho mérito», recalca el preparador del equipo femenino. 

Arteal de tenis de mesa

«Nos tiramos a la piscina»

Así de expresivo se muestra el presidente del Arteal, José Alborés, al confirmar que, esta vez sí, el equipo femenino ha sido inscrito en competición europea. Ya había logrado la clasificación hace un año, pero entonces el club renunció, por el esfuerzo presupuestario que suponía. El contexto es parecido. «Pero no podíamos dejar otra vez a las chicas con la miel en los labios. Se lo han ganado», añade el dirigente.

Ahora reza para que le toque un buen sorteo. La experiencia del equipo masculino es indicativa. En su última participación le correspondió viajar a Escocia. Pero en una edición anterior le tocó Ekaterimburgo (Rusia). La diferencia en el presupuesto fue de uno a tres.

Burela de fútbol sala

«A nosotras no nos televisan»

Desde A Mariña, la portera brasileña pentacampeona del mundo Jozi, una de las capitanas del Pecados Rubén-Burela FS en Primera División, denuncia discriminación. «No venden igual el deporte masculino que el femenino, y el ejemplo más claro lo tenemos en el fútbol sala. Cada semana retransmiten en directo un partido de la liga masculina y, sin embargo, nosotras tenemos que movilizarnos y remover cielo y tierra para conseguir que televisen los partidos que deciden los títulos. No es justo», razona. Jozi se considera, eso sí, «afortunada» por militar en un club donde «de momento» no les faltan apoyos ni medios para entrenar y competir con garantías.

Cidade de As Burgas

«En esta década hemos retrocedido»

Manolo Codeso, responsable del primer equipo del Cidade de As Burgas de fútbol sala femenino, con diez años de experiencia en su cantera, advierte de las dificultades que tienen sus jugadoras para ser profesionales. «Hacemos algún desplazamiento a los que se negarían muchos equipos, saliendo a media tarde, después de clases o de sus trabajos, cenando en el bus para no perder tiempo y descansando un poco en el destino antes de jugar, para viajar toda la noche siguiente de vuelta a casa. Hemos ido a Murcia varias veces y ni siquiera hemos visto más que un pabellón».

Sóftbol Cambre

«Los partidos de casa los tuvimos que jugar en Asturias»

 El Sóftbol Cambre hizo historia este curso con su estreno en la Liga Nacional de División de Honor. Y lo hizo casi en el anonimato porque se vio obligado a jugar los partidos de casa en Asturias. «En la Federación Española nos dijeron a principio de Liga que o jugábamos en un campo homologado o no podíamos competir. Y como aquí no teníamos, tuvimos que jugar en Asturias toda la temporada. Solo nos habilitaron el nuestro a falta de dos jornadas. La respuesta fue muy lenta y al final casi se nos fue la temporada en el exilio», explica María Fernanda Jover.

800 euros del bolsillo para el material de una jugadora y largas tiradas al volante

Detrás de cada mujer deportista hay una historia de superación. Sobreesfuerzos no siempre reconocidos y que en muchos casos incluso conllevan un desgaste de sus bolsillos. María Goalie, portera en As Meigas (club de hockey lucense que compitió la temporada pasada en Élite) sirve perfectamente de ejemplo en esta constante lucha con todos los elementos. «Cada jugadora se hace cargo de su propia equipación, es verdad que las protecciones son caras, pero si las cuidas bien te pueden durar muchos años. Yo soy portera, tengo una de las equipaciones más caras, pagué unos 800 euros en su día, pero la he amortizado durante 11 años», explica.

Y esta situación es así, no porque el club se desentienda de ellas. De hecho, los directivos tienen que hacer mil números para minimizar gastos porque los ingresos llegan a cuenta a gotas. «Juntamos varias jornadas en un fin de semana para ahorrar. Lo hicimos la pasada temporada con los equipos de Cataluña porque son cuatro y los juntamos en dos y dos. También lo hicimos con el Madrid y el Valladolid. No es solo eso, también intentamos viajar de noche para ahorrarnos otra noche de hotel. Para nosotras el avión es inviable porque el material de cada jugadora ocupa mucho y siempre necesitamos pagar suplemento por el equipaje. Así que vamos por carretera. Alternamos furgoneta y autocar, pero la furgoneta a veces también es un problema porque la alquilamos y solo la pueden conducir las mayores de 25. Llegamos cansadas de ir atentas a la carretera y hay que sumar los gastos de gasolina y de peaje. Intentamos aprovechar más el autobús porque vamos más tranquilas. En Liga gallega lo que intentamos es viajar combinados con los equipos de otras categorías»

Gastos mayúsculos

Ya solo competir, sale por un ojo de la cara a los equipos. La entidad suda para pagar la inscripción. «Pagamos 2.550 euros de canon, 85 de arbitraje por partido, 50 para la Federación y 70 de homologación para las ligas nacionales, en la autonómica es mucho menos. Nuestra fuente de ingresos son pequeñas subvenciones de las administraciones y lo que cada jugadora aporta de cuota mensual. Nos hacen falta patrocinadores, pero somos chicas y este es un deporte minoritario. Aunque es verdad que está en auge y que cada vez hay más equipos en la base, pero de momento no llega», finaliza.