¿Qué nos está pasando?

José Manuel Matos

DEPORTES

JOSE MANUEL CASAL

20 oct 2018 . Actualizado a las 19:12 h.

Mañana comienza una nueva temporada de caza menor en Galicia. Un deporte social que constituye la actividad física más practicada en el rural gallego, pero también la que más ampollas levanta entre los colectivos animalistas que han iniciado una campaña de acoso y derribo contra ella en el único lugar en el que pueden hacerse fuertes: las redes sociales.

De las 800.000 licencias de caza que se expiden cada año en España, algo más de 40.000 se tramitan en Galicia, donde, sin embargo, el rechazo social a la caza parece no dejar de crecer. Así, en febrero de este año, integrantes del partido animalista PACMA intentaron boicotear en Forcarei la IX Copa de España de Caza de Raposo. Al mismo tiempo otras asociaciones como Libera y la fundación Franz Weber iniciaban una campaña para que A Coruña sea el primer municipio «libre de caza»; y más recientemente Ecologistas en Acción sacaba a la luz el carné de «personas no cazadoras», una iniciativa para identificar a sus portadores como contrarios a esta actividad.

Y todo esto sucede en un momento de explosión demográfica del jabalí como no se había vivido antes que, al margen de dejar imágenes más o menos curiosas, como la vivida hace unos días cuando una manada fue grabada entrando en la ciudad de Lugo en vísperas del San Froilán, ha obligado a agricultores y ganaderos a solicitar a la Xunta la declaración de plaga para esta especie por los destrozos continuados que ocasiona en los cultivos, y que está forzando a muchos de ellos a abandonar sus explotaciones.

Los animalistas sostienen que el monte es de todos y culpan a la Xunta de rendirse ante lo que ellos llaman el lobby de la caza por no prohibirla de raíz. Pero lo cierto es que el monte no es de todos. El 97 % del monte es de titularidad privada en Galicia, y mayoritariamente pertenece a los ganaderos y a los agricultores (muchos, muchísimos de ellos cazadores), que son los que están sufriendo en sus propias carnes las consecuencias de este desequilibrio ecológico que todos percibimos, y cuyas causas debemos buscar tanto en el cambio climático como en el cambio de uso que se viene dando al monte en las últimas décadas.

Por ello, señoras y señores animalistas, les sugiero que centren sus esfuerzos en exigir a la administración que elabore de una vez por todas un estudio serio sobre la abundancia real de la especie. Solo conociendo el problema a fondo estaremos en condiciones de afrontarlo; y la forma de afrontarlo pasa de forma innegable por el incremento de la presión cinegética y una mejora en la planificación de los aprovechamientos, no por prohibir la caza.

José Manuel Matos Sobrino es biólogo y gestor cinegético