Marta Brañas: «Acudiré a África para ayudar»

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Hace año y medio se retiró del pugilismo de un modo áspero y ahora repasa su vida deportiva y militar

29 oct 2018 . Actualizado a las 17:02 h.

«Soy muy espiritual, aunque hay veces que siento las cosas muy intensamente y me duelen demasiado. Y no puedo aceptar situaciones a las que otros no dan importancia. Y choco con esa gente». Conclusión vital de Marta Brañas Rumbo (Arteixo, 1985), a punto de graduarse en Enfermería. Hace año y medio, rompió con el boxeo profesional horas antes de un título internacional en Panamá. Ella, que lo había sido casi todo en el pugilismo femenino español.

-¿Quién es Marta Brañas?

-Una chica normal de Arteixo, muy constante [pausa]... Militar. Eso es lo primero que soy. Y después, todo lo demás: estudiante de Enfermería y boxeadora.

-¿Qué es lo más importante?

-Ser feliz. Hacer lo que creo que debo hacer. Tener la conciencia tranquila.

-¿Lo consigue?

-Sí... la felicidad no es un estado vital constante, eso es una utopía. Son momentos. Lo importante es disfrutarlos, aprender de ellos. Y de los no tan felices.

-¿Vincula eso a su abrupto final en el boxeo profesional?

-Todo sucede por alguna razón. Me iba a retirar como deportista ese año. Sabía que no viviría del boxeo. En España y siendo mujer, es complicado vivir de un deporte que no sea el fútbol. Y aún así... Estaba saturada. Me ofrecieron la posibilidad de disputar el Mundial y pensé: «Lo hago y me retiro». Llevaba ya catorce años, no está nada mal. Pero al final, el adiós surge en Panamá [tuvo un fuerte desencuentro con la organización y con su representante]. Me dolió mucho retirarme así, pero no me arrepiento. Nadie lo merece. Pero todo sucede por algo. Así que tengo que dar las gracias a Panamá, porque quizás me haya salvado de situaciones peores.

-¿Se cerrará esa herida?

-Siempre me quedará ahí. Eso no tiene vuelta de hoja, no hay marcha atrás, no me puedo volver a retirar. Aprender de aquello, seguro. Cerrar la herida, olvidarlo, no creo. Con todo, intento verlo desde el lado positivo.

-¿Se ha proyectado más en el deporte o en el ejército?

-Me reflejo al 100 % en el ejército. Es mi presente, pasado y futuro. El boxeo era complemento. Queda la espina de competir a nivel militar. El deporte lo vinculo al contexto militar, a la preparación física. Para mí, forma parte de él, como la enfermería. Espero aplicarla en el ejército.

-¿Aún se siente boxeadora?

-Eso nunca se pierde. El boxeo me ha dado mucho. No puedo renegar de él. Siempre lo tendré muy dentro de mí.

-Durante mucho tiempo ha promocionado el boxeo, sus cualidades psicomotrices, sus valores. Promocione ahora el ejército.

-También y, sobre todo, sus valores, comunes al deporte muchos de ellos: honor, lealtad, disciplina... Su labor humanitaria. Todo eso debes llevarlo dentro.

-¿Tiene la sensación de que se pasa la vida defendiendo las actividades en las que participa?

-No han parado de preguntármelo o de hacerme comentarios al respecto, sobre todo relacionados con la discriminación femenina. Afortunadamente, no he vivido nunca un episodio discriminatorio, así que concluyo que hay mucho desconocimiento y demasiados preconceptos. He oído mil veces: «No pareces boxeadora, no pareces militar». Pero ¿cómo se supone que tiene que ser una boxeadora o una militar?

-¿Le cansa?

-No, tampoco es eso. Y cada vez lo escucho menos. La verdad es que esas preguntas tienen la importancia que una les quiera dar. Y yo nunca les di ninguna.

-¿Es usted mitómana?

-Para nada. Nunca he tenido ídolos. Cuando decidí dedicarme a una actividad, lo hice de forma independiente, sin pensar en nadie como ejemplo. Lo hice porque me salió de dentro y me apetecía.

-¿Nunca ha coincidido con Buyo?

-Lo de Buyo es otra cosa. Era fan suya como futbolista. Al igual que de Míchel, me gustaba como jugaban. Son recuerdos deportivos de mi niñez.

-Siempre ha estado rodeada de animales. Los caballos son su pasión, pero su compañía desde hace cuatro años es Duna, su perrita ratón de Praga.

-Lo que se siente al conectar con ellos es una aportación tremenda. De niña yo quería ser veterinaria o policía. Recuerdo la perrencha que cogí cuando, en la aldea, plantando patatas, mataron un ratón. Soy incapaz de matar un animal. Ni una gallina para comerla. Se iban a morir de viejas.

-También ha sido futbolista, amazona, piloto de enduro. ¿Le queda algo por hacer?

-Pues sí. Por encima de todo, acudir a África para prestar ayuda humanitaria. Lo haré cuando termine la carrera de Enfermería. Estaré mejor preparada.

En corto

Polifacética hasta el tuétano, Marta Brañas apura un poco de todo y todavía le quedan cuentas pendientes.

-¿Cocina?

-Mucho. De todo. Aprendí sola. Lo mismo hago unas lentejas que un plato de diseño. Me encanta la cocina japonesa, los pescados y verduras. Los platos orientales, el curry, las especias, el cuscús, la cocina orgánica y vegetariana cada vez me atrae más, incluso como filosofía de vida... casi no como carne, apenas pollo, porque no me gusta. Para una cita casera haría algo de sushi, o un timbal de verduras, un pescado al horno, un salmón a la plancha... y una tarta de queso. Postres, los hago, pero no los como.

-¿Cocina con música?

-Sobre todo, limpio la casa con música. Pongo Spotify. Suena de todo. Mi preferido es Michael Jackson.

-¿Cine?

-El Resplandor y La Vida de Brian. Pero soy más de series. Peaky Blinders, Breaking Bad, Juego de Tronos, sobre todo.

-¿Libros?

-No leo todo lo que debiera. Me apasiona la historia clásica, Grecia y Roma. Estoy con El primer hombre de Roma, pero mi libro favorito es Drácula, de Bram Stoker. Mi padre y mi hermano también adoran el terror. Tengo que ir a Transilvania.

-¿Viajes?

-Otra de mis pasiones. Cada año quiero conocer un sitio diferente. Los destinos de calor y playa me gustan, pero hasta ahora me quedo con el norte. Empatizo más. Hasta el momento, mi ránking lo encabeza la Selva Negra. Pero antes de morir quiero hacer un viaje de verdad, espiritual, a Japón.