Tras ganar dos títulos profesionales de la ITF con 18 años, la tenista vilagarciana ve pagados sus sacrificios
22 mar 2021 . Actualizado a las 20:16 h.Con las doce campanadas del pasado 1 de enero Jéssica Bouzas Maneiro (Vilagarcía, 2002) se hacía mayor en el mundo del tenis. Atrás quedaba un prólogo lleno de grandes titulares. Con su nombre en una decena de títulos del ITF Tennis Junior, el circuito mundial de referencia para tenistas en formación, en el que llegó a ser la número 42 del ránking; también impreso en el rótulo de primer gallego en dos décadas en jugar un grand slam sub-18, el US Open en el 2019 y el Roland Garros del 2020, alcanzando en París las semifinales de dobles. Este mes, en El Cairo, Bouzas se ha estrenado como jugadora sénior levantando por vez primera la copa de ganadora no ya de uno, sino de dos torneos profesionales del circuito internacional ITF.
-¡Vaya forma de estrenar su mayoría de edad en el tenis!
-Sí. La verdad es que estoy muy contenta de haber empezado mi año como sénior de esta manera.
-A sus padres se les habrá caído la baba…
-Sí, están muy contentos por mí, y yo también al ver que ellos están así, ya que gracias a ellos soy lo que soy a día de hoy.
-Al nivel en el que usted se lleva moviendo los últimos 5 años, el tenis es un deporte muy caro. En su caso cuenta con la entrega de una familia sacrificada por la causa...
-Tanto de mi familia como de todos mis patrocinadores y la Academia Tenis Ferrer. Sin todos ellos no sería posible llegar a donde he llegado, ya que el tenis es un deporte en el que se necesita mucho dinero para poder viajar... Pero antes de estar en la academia y de tener a mis patrocinadores ellos -sus padres- eran los que aportaban todo y eso siempre se lo agradeceré.
-Hace un año hubo de renunciar al Open de Australia sub-18, por su alto coste. No parece un trago fácil de digerir...
-Bueno... al final siempre hay que sacrificar equis cosas para poder seguir compitiendo. Fue una decisión difícil pero era lo que tenía que hacer.
-Irse de casa con 14 años a una academia en la otra punta del país, en busca de un lugar en el que prepararse para intentar llegar a ser profesional, sin familia, sin amigos ni conocidos para arroparla. Una experiencia árida. ¿De qué pasta está hecha Jéssica Bouzas?
-En mi academia la suerte que tenemos es que muchos de nosotros venimos de otras partes de España y al final hemos pasado por lo mismo. Fue complicado haberme ido tan pequeña, pero en ese momento estaba convencida de lo que quería y no me arrepiento de la decisión.
-Hoy, con su resultados, parece que la apuesta le está rentando. ¿Tuvo momentos de duda?
-Siempre hay bajones, en los que te replanteas todo, pero es normal. Cada deporte supone un sacrificio y en mi caso, el tenis, es un deporte mentalmente duro. Si trabajas, al final los resultados llegan.
-¿Qué es lo más duro de querer y ser tenista de primer nivel?
-Lo más duro es sacrificar equis cosas; pero bueno, antes tenían más importancia. Me perdí muchas cosas de mi adolescencia que puede que en su momento valorara más. Sé que a día de hoy también me pierdo muchas cosas, pero merece la pena y mentalmente creo que tengo muy claro lo que quiero ser, lo que quiero intentar ser. Y eso es lo que me da más fuerzas para seguir e intentarlo; al final ya no pensando en el tenis profesional, sino en quedarme satisfecha con el trabajo que he hecho a nivel personal.
-Campeona gallega desde benjamines, internacional en todas las categorías de base, ganadora de títulos en los circuitos ITF sub-18 y profesional… ¿Le ha dado tiempo a ir asimilando lo que ha ido consiguiendo?
-Todo en su momento me hizo mucha ilusión, pero no quita seguir teniendo los pies sobre la tierra. Todos han sido torneos y objetivos muy importantes para mí, pero queda mucho camino y esto no es nada.
-¿Y a disfrutarlo, le ha dado tiempo?
-Siempre, eso nunca falta. El disfrutarlo es lo mejor [Ja, ja...].
-Con 18 años y su currículo, ¿ha pensado que pueda ser ya el referente de cientos de jóvenes tenistas gallegas que también sueñen con ser profesionales?
-Ser un referente sería un honor para mí. Que niñas más pequeñas que yo intentaran ser como yo o por lo menos seguir mis pasos, hace muchísima ilusión. Yo también cuando era pequeña me fijaba en chicas mayores que yo. Pero bueno, creo que al final es cuestión de cada uno, tener un sueño y la ilusión de conseguirlo. Ser un referente la verdad es que sería increíble.
-Visualicemos una larga y gloriosa carrera profesional. ¿En qué torneo del Grand Slam le haría mayor ilusión empezarla?
-Roland Garros, sin duda; siempre ha sido mi torneo soñado, desde pequeña. Pero jugar cualquier grand slam es una ilusión enorme.
-Pasó la primera mitad de sus años de formación entrenándose en pista dura y bajo la lluvia de Galicia y la otra mitad pisando en seco la arcilla de la academia Ferrer. ¿No le habrá producido alergia a la hierba?
-Es complicado jugar en hierba en España, pero espero algún día jugar.
-Bromas aparte, la potencia de su juego apunta a una especialista en superficie dura, pero sus títulos en el circuito mundial sub-18 y los de El Cairo fueron sobre arcilla. Muy de gran tenista español...
-Me es un poco igual tierra o dura, me gustan las dos superficies, la verdad.
-Barty, Halep y Osaka. Las tres dominadoras del tenis mundial femenino en los últimos tres años. ¿Con cuál se identifica más? ¿Con cuál le gustaría poder jugar primero en su carrera?
-Bueno, no me suelo identificar con ellas, siempre he dicho que mi jugadora favorita es Garbiñe —Muguruza—. ¡Pues estaría encantada de jugar contra cualquiera de ellas!
-¿Alguna afición al margen del tenis?
-No tengo muchas, la verdad, porque el tenis me quita muchísimo tiempo. Ya no leo tanto, por falta de tiempo. Lo que más, las películas, el cine, las series… todo ese mundo.