El ribeirense cuatro veces campeón del mundo de parataekuondo está listo para viajar a Tokio y culminar su brillante carrera
29 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.A Álex Vidal (Ribeira, 1981), la energía le rebosa por todas partes. Afectado por una rara enfermedad que deteriora su capacidad muscular, es un laureado deportista que participará dentro de un par de meses en los Juegos Paralímpicos de Tokio. Pueden apostar porque volverá con una medalla de oro.
-¿Ya ha aprendido a decir buenos días en japonés?
-Ja, ja. Todavía no. Van a ser unos juegos atípicos en los que no se va a poder salir de la villa olímpica. Así que supongo que nos vamos a relacionar poco.
-Son sus primeros paralímpicos.
-Sí, porque es la primera vez que mi deporte está incluido. El taekuondo debutó en unos Juegos Olímpicos en el año 2000. Y nosotros llevamos luchando desde el 2009 para que sea paralímpico. La verdad es que la ilusión de cualquier deportista es poder ir a unos juegos. Es el techo de cualquiera.
-No habrá muchos competidores de cuarenta años.
-Bueno, alguno hay. La mayoría son de veintipocos, treinta como mucho.
-¿Y a su edad es más complicado preparar un reto como ese?
-Bueno. Yo soy un chaval que ha tenido la suerte de estar siempre activo y no haber tenido graves lesiones. Lo que más noto son las recuperaciones de un día para otro. Me siento como si fuera un chaval de veinte.
-Al principio competía con gente que no tenía discapacidad alguna.
-Sí, porque yo empecé sobre el año 2003 y entonces no había parataekuondo. Yo entrenaba y veía que iba mejorando hasta que le pedí a mi entrenador que me dejara competir. Pero era un problema porque las aseguradoras tenían reticencias, pensando que tal vez no podría protegerme adecuadamente. Al final me dejaron competir en un campeonato gallego de promesas. Salí y pegué el bombazo porque gané sobrado. Y eso me abrió muchas puertas, claro.
-Participó en todos los campeonatos.
-Sí, en el gallego oficial y en el campeonato de España de clubes. Tenía que competir contra gente que no tenía discapacidad. Era la única manera.
-Y cuando se enfrentaba a estos deportistas sin discapacidad, ¿le miraban raro?
-Al principio me acuerdo de uno que se quedó un poco flasheado, pero cuando le metí la primera patada en la cara, se acabó la discapacidad. Es que a nadie le gusta recibir una patada en la cara.
-Y llegó a ser campeón del mundo.
-Sí, sí. Desde 2009, me especialicé en parataekuondo y los dos primeros mundiales los perdí en la final. Pero luego me fui preparando mejor y considerando la posibilidad de convertirme en profesional y la cosa cambió. De los ocho campeonatos en los que he participado, he ganado cuatro.
-Cuatro veces campeón del mundo.
-Vaya. Si fuera otra disciplina deportiva sería usted rico.
-Pues sí. Si fuera el tenis... Este es un deporte minoritario. Te da para vivir durante tu carrera deportiva y demostrar el amor que le tienes a este deporte.
-Usted trabajaba en el puerto.
-Sí, como administrativo. Pero era una empresa de la lonja y a veces me ponían el turno de noche. Después del primer mundial me di cuenta de que tenía que elegir: o el deporte o seguir trabajando de noche. Tuve suerte de que mi familia me apoyó y elegí el deporte.
-¿Cuándo empieza la competición en Tokio?
-Si todo va bien, el 2 de septiembre probablemente estaré en el tapiz.
-Ya irá respirando el ambiente por Ribeira.
-Ya desde el año pasado, cuando aún no había estallado la pandemia. La gente me anima mucho, porque ya tenía la plaza. Estoy muy contento con la ciudad; me dan mucho ánimo cuando gano y cuando pierdo. Incluso más cuando pierdo.
-¿Ya tiene el hueco para la medalla?
-Sí. Ya tengo el hueco para la medalla. De hecho, en la vitrina el hueco siempre está ahí.
-Antes de conocer el taekuondo seguro que no se imaginaba que podía tener una vida como esta.
-Yo probé este deporte para mejorar mi salud. Y tengo mucho que agradecerle. Cuando acabe mi carrera deportiva, espero poder devolverle algo.
-¿Se dedicará a entrenar?
-A mí me gustan mucho los números, por eso estudié administrativo y es a lo que me quiero dedicar. Pero sí, seguiré vinculado al taekuondo.
-En su vida ¿está muy limitado?
-No. Yo vivo solo y hago una vida normal. No tengo ninguna limitación en mi vida cotidiana.
-Dicen que tiene un amuleto del que nunca se desprende.
-Es una toalla que me regaló una compañera para mi primer mundial. La llevo a todos los campeonatos. Una vez, un ruso me la cogió y la tuvimos que buscar por todo el pabellón. No me la quería devolver, pero al final me la dio y me pidió disculpas.
-¿Celta o Dépor?
-Deportivo. Desde pequeñito. Cuando gané el segundo mundial, me recibieron en el campo y me regalaron una camiseta con mi nombre.
-¿Cómo diría que es usted en pocas palabras?
-Soy un chaval extrovertido, que le gusta hacer amistades y cuidarlas. Y también cuidar de mi familia.
-¿A qué dedica el tiempo libre?
-Me gusta pasear por el monte y pasar el rato con amigos.
-Dígame un lugar en el que se sienta feliz.
-Tengo dos: La playa donde me crie, una playa que se llama A Ameixida y el mirador de la Garita, que es donde me gusta descansar y estar tranquilo.
-Dígame una canción.
-Es una canción motivacional que se llama Not about win. Me la pongo antes de competir y salgo como una moto.
-¿Qué es lo más importante en la vida?
-Yo tuve la suerte de nacer con discapacidad en un sitio en el que si me hubieran apartado, no sería la persona que soy hoy. Como me cuidaron, yo intento cuidarlos a ellos. También es importante dejar una huella, ser recordado por algo, por ser buena persona. Y cuidar a los amigos, que son una segunda familia.