El Leyma Coruña se aferra a su renacido

Josema Loureiro
JOSEMA LOUREIRO A CORUÑA / LA VOZ

BÁSQUET CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

Caio Pacheco, que regresó por la puerta grande contra el Estudiantes tras una lesión, apunta a liderar a los naranjas ante el Melilla

14 nov 2025 . Actualizado a las 18:12 h.

Después de una lesión en el tobillo, tres semanas sin poder entrenar y una recaída contra su exequipo, el base brasileño Caio Pacheco (Rio Claro, São Paulo, Brasil, 1999) volvió a pisar el parqué en la espectacular remontada que el Leyma Básquet Coruña logró ante el Estudiantes en Magariños.

En su reaparición, Pacheco firmó quince puntos, cinco rebotes, cuatro asistencias y un robo en 22 minutos para una valoración de 14. El mariscal paulista aspira, de nuevo, a llevar la manija del juego naranja este viernes ante el Melilla Ciudad del Deporte (20.45 horas, LaLiga+).

Sostenido en los últimos duelos por el incombustible Dídac Cuevas, el cuadro herculino encontró en Madrid la versión de Pacheco que lo había convertido en el objeto de deseo de media liga meses atrás. Pero su desembarco en el baloncesto español no fue por la vía rápida.

Hijo de jugadores de baloncesto, Pacheco vivió toda su infancia en su localidad natal. Ávido aficionado y practicante de fútbol y de básquet, no dudó en decidirse por el balón naranja cuando los estudios empezaron a exigirle más tiempo.

A los 18, cuando se formaba en la base del Palmeiras, Caio se lanzó a la aventura y recaló en el Bahía Basket de Bahía Blanca, el proyecto de autor del ex NBA Pepe Sánchez en una de las ciudades de baloncesto por antonomasia en Argentina.

«Llegó con un portuñol mal ejecutado, pero traía pasión, ganas y amor por el juego», explicaba Sepo Ginóbili, entrenador del brasileño en Bahía y hermano del mítico jugador de los Spurs. Idolatrando a una leyenda como Manu Ginóbili y a un compatriota como Marcelinho, Pacheco se formó como jugador y persona en la liga argentina, de la que se marchó con números que le catapultaron a Europa. «Siempre seré un pibe de Bahía», declaraba en su despedida del club sudamericano, ya con un marcado acento argentino.

Su último servicio al cuadro bahiense, el playout por el descenso que le enfrentó al Atenas en la temporada de después de la pandemia, en el que, pese a promediar veinte puntos, seis rebotes y tres asistencias en los dos partidos, no pudo cerrar la permanencia en la primera división argentina.

Jugó en un contrato temporal en la Liga Endesa con el UCAM antes de pasar por el Pésaro italiano, el Dabrowa Górnicza polaco y los Capitanes de Ciudad de México de la liga de desarrollo de la NBA. Sin embargo, fue su retorno al baloncesto español el que disparó su rendimiento; más concretamente, su etapa en el Tizona Burgos.

Su gran explosión aconteció la temporada pasada. Con el cuadro del Plantío, Pacheco promedió trece puntos, 3,5 rebotes y 5,3 asistencias en 26 minutos por partido. Sus porcentajes, tanto en tiros de dos como de tres, se quedaron al borde del 50 % de efectividad.

Ya con su llegada al Leyma Coruña cerrada, donde Pacheco ha entendido el papel que de él se esperaba —«Soy consciente de que tengo una responsabilidad en este equipo», decía en su presentación oficial—, el brasileño logró, con su selección, un hito más a su hoja de servicios: la AmeriCup.

Con figuras como Vítor Benite, Yago dos Santos y Bruno Caboclo, Caio logró levantar a sus 26 años el título continental después de imponerse a Argentina en la final, algo que ya había logrado en dos ocasiones en su etapa de formación.

Un jugador polivalente

«Hasta los 16 años nunca había sido base, siempre había jugado de escolta», explicaba Pacheco en una entrevista en su etapa en Argentina, donde se curtió y sumó a su arsenal las dotes de organización que le han convertido en una de las mayores amenazas exteriores de la Primera FEB.

Así, el brasileño se vale de sus 190 centímetros y su portentoso físico para un exterior para tomar el mando en la anotación y defender a jugadores más grandes cuando la situación lo exija.