BALONMANO Los rojinegros, en un encuentro para olvidar, dieron vida al Cisne hasta los últimos segundos El Cisne se quedó a escasos segundos de llevarse del Municipal un retrasado regalo de reyes. Los pontevedreses, sin hacer nada del otro mundo, se limitaron a aprovechar los errores de los rojinegros para plantarse en la jugada final con una efímera posesión que, por suerte, no aprovecharon. Hubiese sido el empate. La sorpresa sobrevoló por el Municipal pero los importantes puntos, que es lo que realmente importa, se quedaron en casa y ahora el equipo podrá afrontar con más tranquilidad el duelo con el Adeslas.
12 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Portadeza Lalín, 26: Pablo, Roberto (2), Pincho (7), Diego (5), Jorge (5), Camilo (2), Martín (4), Canario (1), Carlos Aller, José Antonio y Durán. Cisne, 25: Lafuente, Domínguez (4, 2p), Rey (5), Casal, López, Mera (2), Sánchez (2), Tilves (1), Suárez (2), Arosa, Freire (4), Escudero (4, 1p), Pombo y Santiago (1). Árbitros: Garrido y Gutiérrez. Madrid. Excluyeron a Pincho (2), Camilo (2), Jorge y Diego por el Lalín y a López, Rey y Escudero por el Cisne. Goles cada cinco minutos: 3-0; 4-2; 6-3; 10-4; 11-6; 13-7 (descanso); 14-8; 16-12; 18-15; 21-17; 24-21; 26-25 (final). Los primeros instantes del encuentro no hacían preveer el incierto desenlace final. El Portadeza, como en encuentros precedentes, convirtió a la línea de retaguardia en su mejor aliado y el Cisne sufrió lo indecible para encontrar posiciones cómodas de lanzamiento, que no encontraron puerta. Sin embargo, y pese a que los pontevedreses tardaron más de ocho minutos en anotar su primer tanto, el marcador no se estiró con contundencia hasta que los locales, muy desacertados en ataque, aceleraron el ritmo de sus transiciones (10-3). Parecía el inicio de un, a la postre, espejismo de sentencia que se prolongaría hasta el intermedio (13-7). En la reanudación cambió todo. El Portadeza, empeñado en resolver con individualidades, se fue estrellando contra su ineficacia y el Cisne, más despierto en ataque, aprovechó la ocasión para tomar aire y, sin prisa pero sin pausa, regresar al encuentro (22-20). El nerviosismo comenzó a recorrer la grada. No era para menos, sólo restaban siete minutos para el bocinazo final. Dos tantos de Jorge y Pincho devolvieron la tranquilidad (24-20) y el público respiró alibiado. No obstante, la emoción aún no había dado su último coletazo. Un par de llegadas en solitario erradas por Carlos Aller y el propio Pincho y un penalti desaprovechado por Roberto devolvieron a los pontevedreses a la lucha por los puntos (25-24). Por suerte, en la primera tentativa de empate, Suárez enviaba a las manos de Durán y en la contra Roberto hacía el 26-24. Mera volvía a estrechar el electrónico y una falta en ataque daba la última posesión al Cisne. Ahí apareció otra vez Durán.