Farrapos y máscaras

DEZA

Al FILO | O |

21 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

BUEN HUMOR PARA ESPANTAR las heladas y sopa de cocido para calentar el estómago. El entroido se vive al aire libre, en pareja, en pandilla o en solitario. Hoy, don Carnal muestra sus encantos en las calles y plazas, trasvestido con máscaras y pelucas de colores. Jornadas para reirse de uno mismo, para cambiar la realidad por la de un espejo que distorsiona la imagen y lo convierte todo en sátira. Este año casi no quedan generales, las tradiciones se van perdiendo y de ahí la importancia de un puñado de asociaciones que cada año luchan por mantener unas o inventar otras. Todo para rendir culto a una fiesta pagana en la que todo vale. La agrupación O Naranxo de Lalín animaba ayer a la participación porque el carnaval no es un espectáculo, no es sólo un desfile en el que uno puede quedarse a un lado y simplemente mirar. El entroido es de todos y para todos. Una fiesta en la que todos somos iguales: actores del gran teatro del mundo en el que nada es lo que parece. Y en estos días menos. Son jornadas en las que todos podemos ser quienes queramos ser. Las máscaras, las pelucas, los trajes nos permiten dar forma a los personajes que queramos escoger. Funcionarias convertidas en Elvis Presley, oficinistas con las trenzas de Pipi Calzaslargas, banqueros con el alma de diablesas y amas de casa disfrazadas de obesos moteros. Todo vale para reirse y disfrutar de cuatro días de troula que ayer en Lalín se armó de lama y farrapos. A divertirse tocan hasta el miércoles, un día en que los incondicionales de don Carnal lloran su pérdida y la entrada de la Cuaresma que predica la abstinencia, la comida frugal y la penitencia.