RASTRO DE AIRE | O |
15 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.PENSABA MOSTRAR mi firme rechazo a medidas como la del Gobierno de hacer prohibición expresa de que los altos cargos reciban regalos, que más que regalos son por su cuantía sobresueldos, son prebendas, son contraprestaciones a acciones previas y son encaje de bolillos social de quien puede regalar y de quien puede llegar a variar de criterio. Es algo tan obvio, es algo tan repudiable, es algo éticamente incongruente que creía preciso manifestarme contra esa decisión fijada en papel escrito. Pero no me dí prisa y la reflexión pudo con esa idea inicial. Estoy encantado de que el presidente o su equipo tuviesen la idea. No por brillante, claro, no por que va a cumplir el objetivo marcado, tampoco. Sí porque más de cuatro sabrán que ese tipo de actitud está en plena vigencia. Sí porque ese tráfico con sonrisa está implantado en escalafones mucho más bajos que el del Gobierno, en áreas de toda índole, es plusvalías de alta o baja cuantía, en la sociedad en general. Hasta tal punto es así que el mercado parece funcionar con los valores éticos a la inversa. Parece tonto el que pundiendo amarrar no amarra. Me gusta la medida porque servirá a terceros de recuerdo. A quienes quieran volver a plantearse que lo peor en una persona es su desarme ético.