Muchos mirlos en la higuera

DEZA

RASTRO DE AIRE | O |

25 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEVÁBAMOS VARIAS semanas tanteándonos. Cada vez que me acercaba a la higuera, siempre adelantados, ellos, los mirlos, escapaban con desgana y hoy puedo decir que, seguramente, con cierta autoridad del que ya conocía la verdad, del que ya sabía que estaban verdes todavía. Ayer, cual día de la Patria, cual día de la higuera, cual quién manda aquí en este árbol, competimos varios. Los mirlos y yo, y algún humano más y algun pájaro más, pero con menos arrojo, con menos ardor de defensa del territorio propio. Gané yó, debo decir. No ganó mi título de propiedad de la higuera, ni el derecho de costumbre de los mirlos a zamparse los higos. Gané yo porque después de muchos años con cosechas flojitas, después de muchos años de rabuñaduras, después de podas, limpieza de malas hierbas, riegas y, también, de empujar para que creciese, mi mirada era de hierro y la de los mirlos vacía. Mi cuerpo estaba acostumbrado a la lucha y los mirlos engordaron más cuanto más sudaba yo. En el honor de la resistencia de los pájaros vencidos, decir que estuvieron hábiles y al cesto de mimbre que llene de higos no pudo ir una media docena que ya habían dejado crucificados a picotazos y medio devorados. Me costó llegar, claro. Me costó defender mi higuera cual tierra, cual patria, ayer en el día grande gallego, pero era victoria preparada. Acumulaba durante tiempo sueños y brotaron los higos y acabaron en mi cesto. Ojalá que los mirlos no se coman la segunda tandada. Ojalá que al alba de la madurez de de mis higos, dentro de unos días, no estén solos los pájaros, picoteando. Ojalá que los mirlos derrotados ayer en mi higuera por no ayudar a crecer el árbol no sean mi espejo para las próximas cosechas.