RASTRO DE AIRE | O |
30 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SE HIELA el corazón tantas veces que apenas me preocupa la intensidad del hielo en las carreteras, en los prados y en las chargas. Nos preocupa el mendigo helado de frío cuando pasamos del mendigo con el corazón helado por la vida cotidiana. Nos duele la cosecha achicharrada cuando la renta y el IPC tiene ignorado al agricultor todo el año. Nos detenemos a contar niños sin cole por hielo cuando ni somos capaces de ponernos de acuerdo en un plan de formación. Nos inventamos palomas de paz mientras hiela en la calle y mientras alimentamos la competitividad fiera. El corazón está helado cada vez que miramos para otro lado curtiendo más cada día nuestras entrañas de acero, mientras moldeamos nuestro dicurso lastimero, mientras ponemos parches de tristeza a nuestra vida cómoda. También se nos hiela el corazón al pensar que hacemos todos esto y lo hacemos conscientes de que lo hacemos. Es todo basura. Con estas armas es imposible creer en la paz y yo no creo, salvo como apuesta, pero se hielan los corazones porque son apuestas sin costes, apuestas a no perder lo que es lo mismo que apostamos a no ganar. Todo es basura congelada sin posibilidad de evolucionar hacia algo válido. Sólo maquillamos situaciones para sobrevivir al hielo, le ponemos un poco de sal para ir tirando, pero no aparcamos el coche ni el corazón de acero. Atrapados en las carreteras, atrapados en el frío, atrapados en nuestra valentía dormida sólo diré, para reventar y congelar mi discurso, mi rastro, que yo todavía no estoy preparado (y tampoco sirve) para el deshielo, que mi corazón se hiela cada día más rápido, que apuesto sin costes, que me curo mirando al otro lado, que disimulo ante los corazones helados. Pero no hagas caso, esta confesión es interesada y demagógica porque no soy distinto a nadie cuando hiela y sólo se nos hiela el corazón.