Testimonio | Francisco Balsa y Clara de Saa Hablan con energía y entusiasmo porque han vuelto poco menos que a nacer: estos dos portavoces de Alcer superaron un infierno llamado diálisis
04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?ientras estuvieron en lista de espera conocieron personas en Santiago que llevan 14 y más años sin que llegue el ansiado riñón para injertarles y que les permita cambiar de vida, como les ocurrió a ellos. Verificaron cómo hay a quienes les trasplantaron dos, incluso tres veces. Y cómo enfermos a quienes acompañaron en diálisis fallecieron. Francisco y Clara relatan sus días anteriores al trasplante como un tormento: ir a diálisis, además de impedir una vida normal, suponía tardes a veces con 4 o 5 horas de calambres y dolor continuado, otros riesgos para la salud, no poder desplazarse. «Era deprimente», resume Clara. A pesar del éxito del trasplante son conscientes de que «agora é como estar de vacacións, porque sabemos que pode fallar o órgano e necesitarmos outra vez diálise, coñecemos ben casos deses». Llegar a sentirse bien no fue sencillo: después del trasplante debían tomar más de 50 medicamentos diarios, aunque la cifra descendió hasta estabilizarse y permitirles una nueva existencia. «Agora ves a vida diferente, valoras máis cada día. Aprendín a vivir sen máis obxectivo que o día seguinte, non lle vexo maior interese en estrear algo ou outras cousas que para outras persoas son importantes», indica Francisco. Entre las buenas experiencias, Clara insiste en la «cualidade humana» del personal sanitario, sobre todo el de la Unidade de Transplante Abdominal, para el que no ahorra reconocimientos por su generosidad y humanidad. O haber tenido ocasión de verificar el beneficio de pertenecer a la Seguridad Social, que les sufraga tratamientos muy caros; una oportunidad que saben no tienen en otros lugares. Todo lo que han pasado quieren explicarlo bien en la campaña que van a iniciar, para reducir las negativas familiares que se observan a donar. «Dar órganos é regalar vida» es lema de Alcer. Ellos pueden testimoniarlo. Y quieren que haya muchas más personas a quienes les ocurra lo mismo: gente que vuelvan a saber lo que es vivir.