RASTRO DE AIRE | O |
11 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SOY DE los ciudadanos a los que le tocó el puente largo. Trabajando claro, porque en caso contrario seguro que no se me ocurriría escribir sobre la cuestión. Quiero mostrar mi oposición, mi voto en contra a la tesis que se recupera desde Cataluña, y ya vieja en planteamientos desde otros foros españoles, que apunta a la unificación de festivos a partir del lunes para evitar que una semana sea un viaducto. Estoy en contra porque la costumbre viene siendo la base de la norma y luego de la ley. Empezamos con ajustes de puentes de viernes, sábado, domingo, lunes y martes como cabría interpretar un ajuste en la semana pasada de festivos. Seguimos con acumulación de días hacia esa semana desde áreas de funcionarios y profesiones liberales de tal modo que lejos de resolverse el problema de los puentes se ampliaría el de los viaductos. No habría pérdida de ritmo laboral, simplemente no habría actividad para muchos en la acumulación del fin de semana y de los días festivos ni en los dos o tres que restarían de la semana. Soy favorable a que se regule el calendario estimando los festivos necesarios desde un riguroso análisis profesional para dar alegrías puntuales al trabajador, como medida para soltar lastre, como efecto antiestrés y como medicina de equilibrio personal. No tal como está la cosa que busca justificaciones institucionales religiosas y tradicionales que aparecen sembradas al azar en el calendario y hasta podrían ser insuficientes mirando el estudio riguroso de necesidades que reclamo en este campo. Todo lo dicho no atenta contra el rendimiento laboral ni merma el beneficio empresarial. Se supone que un trabajador en estado físico y psicológico óptimo rinde más que uno con exceso o déficit de días festivos intercalados en su calendario. Con esto y reducción de jornada laboral por decreto, estupendo.