RASTRO DE AIRE | O |
15 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.PODRÍA HABER titulado la batalla del pollo, el valle de las gallinas o el gran gallinero. Pero todavía puede ser algo pronto, y todo se andará. El mapa comarcal del pollo, de los gallineros, tiene históricamente una fase bum de producción intensiva que terminó con decenas de gallineros cerrados. Se mantiene un centenar largo de instalaciones de este modelo productivo con peso económico local importante. En paralelo viene existiendo la ancestral producción casera, la que da la gallina para la sopa más alimenticia, la que da huevo y el pollo casero, la que nunca se contabiliza pero quitó hambre y y ahora busca nuevos caminos. Los nuevos caminos son la tercera vía, ya real, considerando el colectivo Galo de Curral y es la que profundiza en la calidad primando la raza, primando el control de alimento de calidad y primando una trazabilidad que el consumidor debe pagar al reconocer pluses gastronómicos al galo. Es el capón casero planteado como negocio, estructurado para una comercialización que se va perfilando cada vez más en un ajuste a la demanda real, más allá de festejos puntuales. Y aparece la cuarta vía, la de la ganadería avícola extensiva que está siendo trazada desde cursos de formación y como contrapunto a la intensiva y como multiplicación de la casera organizada. Viene tirando por ella el Sindicato Labrego, y en los debates de trabajo apuntan a no equivocar el camino, buscar algo propio, marca propia, para un mercado que lo asuma, no vender por vender y no producir sin saber que haya quien compre, y además con sello propio. Vamos, la filosofía básica de todos cada uno en su propio escenario. Por eso esto pronto parecerá el valle del pollo y por eso casi se presume una guerra del gallo por dominar territorio, por dominio ideológico y por que la competencia es sana. Claro que cuando los procesos avancen algo más sería bueno que el gran gallinero tuviese orden, por su propia supervivencia.