José Tomás recoge el Trofeo Manolete entre multitudes

DEZA

Decenas de aficionados de la provincia acudieron al acto organizado en Pontevedra por la peña de La Chaqueta

02 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La expectación que la presencia del matador José Tomás provoca en cada plaza a la que salta se trasladó ayer a la cafetería El Cafetín, donde la peña La Chaquetilla le entregó el Trofeo Manolete a la mejor faena de la feria del 2007. Decenas de aficionados, que acudieron al acto, terminaron rodeando al diestro de Galapagar, pidiéndole autógrafos, dándole besos, abrazándole, pero, por encima de todo, deseándole suerte en la faena de esta tarde, en la que se vera con toros de El Torreón, la misma ganadería que el año pasado le permitió sumar el Trofeo Manolete a sus vitrinas.

El espada, quien manifestó que era todo un honor el recibir el galardón, no dudó en asegurar que «la tarde del pasado año en Pontevedra fue muy importante», ya que «estuve muy a gusto, disfrute mucho y me dio mucha moral para afrontar lo que se me venía por delante».

No en vano, tal y como el propio José Tomás reconoció, que la de la ciudad del Lérez fue la primera tarde de agosto del 2007 que lidió, siendo agosto un «un mes que para los toreros es fundamental porque es donde más se torea».

Augurios para esta tarde

En cuanto a la faena de esta tarde, el matador espera que se repita la historia, así como que «el público que vaya a esta plaza, con tanta personalidad, pueda disfrutar de ver torear».

Si con sus palabras José Tomás se metió a los asistentes en el bolsillo, otro tanto hizo la teniente de alcalde de Pontevedra. Teresa Casal rememoró una divertida anécdota de la que fue protagonista en una tarde de toros en Pontevedra cuando asistió, desde barreras junto a su padre, a una faena de El Platanito.

En momento dado, el espada colocó su capa delante de la niña Teresa Casal y le brindó un toro, «para mi aquello fue algo increíble». La teniente de alcalde, que demostró tener mucha complicidad con el espada, se despertó del sueño «cuando vi que mi padre, al devolverle la montera, le metía unos billetes dentro. Realmente la cosa estaba preparada, no era que yo hubiera despertado la atención de El Platanito».