El Laxeiro más íntimo

J. B.

DEZA

Un libro de Carlos G. Reigosa editado por Xerais retrata el pensamiento y vivencias del artista en su centenario

19 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Enfilamos la recta final del año pero todavía se producen iniciativas vinculadas al centenario del nacimiento de Xosé Otero Abeledo. A la exposición recientemente abierta en Vigo con el mural Villancico como excusa, se suman otras dos muestras que permanecen abiertas en la capital pontevedresa - O primeiro Laxeiro y Debuxando a Laxeiro - y acaba de ver la luz una nueva publicación en torno a la figura y la obra del universal artista lalinense.

Editado por Xerais, Laxeiro por si mesmo, de Carlos G. Reigosa, traza el perfil más íntimo y personal del pintor, con sus propios pensamientos desplegados a través de una entrevista en 1983 en la casa de Laxeiro en Botos. Una primera conversación que iba a conformar, junto con otras que nunca llegaron a producirse, un libro de entrevistas. A los 75 años, el artista reflexiona pese a que «falar de mín cústame bastante traballo» sobre su infancia, de la escuela y el descubrimiento de sus aptitudes para el dibujo a los diez años por una profesora que le traía cuadernos para pintar, antes de partir a Cuba a los trece años. El artista cree que será después de su estapa en el país caribeño cuando nace Laxeiro.

La publicación desgrana sensaciones, anécdotas, contactos con artistas, visicitudes personales, oficios y múltiples recuerdos de un artista sublime con el dibujo, de imaginación desbordante, que vivió la emigración o quedó impresionado por la obra de Goya en el Museo del Prado de Madrid. Un pintor que no creía en el movimiento de los renovadores gallegos, a cuya cúspide le alza la crítica. El telón de la clarificadora entrevista se baja en los años 40, cuando se instala en Vigo y se encarga de la decoración del cine Balado de Lalín y O manancial da vida en el Café Moderno de Pontevedra.

La crónica o testimonio de Carlos G. Reigosa se complementa con sus propias reflexiones sobre el artista dezano, así como los epílogos a cargo de Xosé Antón Castro, Antón Patiño y Leopoldo Nóvoa. Una obra aderezada con numerosas fotografías, cartas y textos protagonizados por Laxeiro, que nos acercan a su iconografía, a sus amistades, al cariño que generaba su personalidad y sus creaciones, tan vivas hoy como hace décadas.