Cuando la necesidad apremia, cualquier opción puede ser válida; y si no, que se lo pregunten al seguidor del Club Deportivo Lalín que el pasado domingo se presentó en el Cortizo aprovisionado de una cabeza de ajo. A la vista de que la mala fortuna se estaba conjurando contra su equipo a la hora de ganar partidos, el fiel seguidor rojinegro optó por combatir el mal fario con dientes de ajo, que en el capítulo de supersticiones, combate el mal de ojo y repele la mala fortuna. Al fin y al cabo, el recurrir a la hortaliza es un método método del que han echado mano desde la peña del Cádiz «Sección Ajo», al meta del Almería Diego Alves, a instancias de su presidente.
Con la cabeza de ajo sobre el césped calentó el Lalín antes de medirse al Areas, aunque antes del pitido inicial, el amuleto acabó en la banda. Allí comenzaron los ajos un periplo inédito que los llevaría hasta detrás de la meta del Areas por mediación de un colaborador del club rojinegro, que recordó la existencia de la tradición de echar ajos tras la portería del equipo contrario para facilitar el gol. Y es que a la vista de los problemas que el Lalín tiene para marcar, cualquier remedio parece vale, aunque llegue de la mano de la superchería.
Lo cierto es que en el primer tiempo no cundieron los efectos del talismán, y el Lalín no encontró el gol, así que en el descanso tocó cambiar los ajos de portería, y de paso, repartir algún diente entre algún jugador de la delantera rojinegra para ver si la fortuna cambiaba. Cuando en las gradas y el banquillo ya parecía que el Lalín reeditaría la frustración de perder por falta de gol, apareció el juvenil Iker y convirtió en tanto y tres puntos un balón puesto por Ángel. Llegó al poco tiempo el pitido final, y el Lalín, tras 70 días a la espera, volvía a ganar un partido.
Próxima parada, Verín
Sea o no superstición, lo cierto es que en el Lalín han guardado a buen recaudo algunos dientes de ajo del partido contra el Areas, y el próximo domingo viajarán con el equipo a Verín. Todo sea por salvar la categoría.