Crespo fue el anfitrión de un cocido con Fraga y Feijoo junto a alcaldes de la zona
12 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.La agenda estaba marcada ayer en Galicia por la inauguración de la Cidade da Cultura, con los Príncipes de Asturias. Pero al finalizar el acto, el presidente de la Xunta, Núñez Feijoo, y el que fuera máximo mandatario de Galicia durante 16 años, Manuel Fraga, enfilaban la capital dezana cambiando el lema que hizo fortuna en Lugo: ¡Y para comer, Lalín! Crespo se les adelantaba en el regreso de Santiago y les esperaba como anfitrión de un cocido compartido por los alcaldes Jesús Otero (Cruces), Ramiro Varela (Agolada), Balseiros (Cerdedo), Raposeiras (Forcarei), el candidato popular de Rodeiro Luis López, el dirigente del PP de Silleda José Antonio Pena, Florentino Cacheda, Román Rodríguez y Antón Lamazares.
Crespo insistía en que se trataba de una comida a título personal, de ambiente distendido, en la que Fraga recibía como regalo un sombrero tirolés, de caza, que lucía a su salida del restaurante, junto al pin del Cocido diseñado por Pulido en la solapa. Preguntado por lo que suponía regresar a Lalín, Fraga aludía a «recuerdos tristes de los que ya no están, como el amigo Cuíña, de quien fui muy amigo», destacando al mismo tiempo su buena impresión por la positiva labor de empresarios de la zona en el actual contexto. El político de Vilalba, impulsor de la Cidade da Cultura, defendía ayer la importancia del proyecto, señalando que «es un gran paso para Galicia, lo que hay que lamentar es que haya quien lo discute», señalando respecto al desfase presupuestario de las obras que «las cosas así son las que justifican inversiones importantes».
Por su parte, Núñez Feijoo definía el acto de ayer como una muestra de respeto y respaldo a Fraga «nesta comarca, que lle quere moito, a iniciativa do alcalde de Lalín e dos demais da comarca, para testemuñar o agradecemento aos 16 anos de goberno de Fraga», destacando la jornada especial para el ex presidente al poner en marcha «un tercio deste gran proxecto europeo que é a Cidade da Cultura», a la que Lamazares se refirió de un modo muy peculiar, que hizo reir a todos.