A Valentín le llegó su San Martín

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Los vecinos de O Corpiño recrearon con todo detalle la tradición

28 ene 2013 . Actualizado a las 18:23 h.

Valentín empezó su vida ante las cámaras luciendo traje y elegancia de la mano del alcalde, José Crespo, convertido en mascota de la Feira do Cocido. Desde aquello pasaron dos años y Valentín se convirtió en un orondo cocho de doscientos kilos largos criado con mimo y alimentación natural por la familia Ferreiroa de Burgo.

Ayer en O Corpiño, con el santuario de fondo, la gaita tocó su réquiem y Valentín volvió a ser el objetivo de todas las cámaras, pero esta vez como protagonista de la matanza tradicional que llegó a su catorce edición. Ejercieron de matarifes José Luis García y Manolo Rivas, vecinos de O Corpiño y expertos en la materia. Primero un tiro en la cabeza y luego, ya muerto, el cuchillo. Plácido Rozas, de Os Xuncos, interpretó la marcha del Antiguo Reino de Galicia con cuyas notas se despidió Valentín de la vida. «E qué menos para un porco», decía.

La matanza, que siguió a pies juntillas todos los pasos de esta costumbre ancestral, contó con Manuel Blanco y Manuel Vilariño como narradores. Después del desangrado -como mandan los cánones- tuvo lugar el chamuscado a conciencia con soplete y bombona de gas para continuar con el raspado cuidadoso a lo largo de la piel de Valentín que fue luego abierto en canal para sacarle el unto, el hígado y las tripas.

Antes de eso, al cerdo se le quitaron las pezuñas, lo único que no se aprovecha del animal.

Como las grandes estrellas Valentín tuvo ayer un doble de cuerpo para el despiece. El cerdo que se partió en la matanza fue criado en O Corpiño y matado el día anterior a fin de que la carne se endureciese y se airease durante veinticuatro horas. El gorrino fue bajado del lugar donde estaba colgado al aire y despiezado por manos expertas.

A lo largo de la mañana los vecinos asaron chorizos y panceta y ejercieron de camareros sirviendo a los visitantes todo tipo de viandas. Las mujeres realizaron labores tradicionales de la aldea como el mazado de la leche, la realización de los chorizos o la elaboración de jabón.

Lo único que faltó fue el sol que no quiso asomarse en una mañana de lluvia intensa. El alcalde, José Crespo, expresó su agradecimiento a los vecinos por la magnífica labor realizada. Un trabajo que supuso la unión de todo el pueblo que ayer resucitó también a Os Romeiros do Corpiño que animaron los trabajos de la noche anterior y volvieron a tocar después de casi veinte años de parón. O Corpiño dejó ayer muy alto el pabellón con una matanza fruto del esfuerzo comunitario.

Tampoco faltó en la escenografía Perico, un burro de diez años propiedad de Isabel Sanmartín y que ayer lució engalanado para la ocasión.