El Cine Lalín lleva más de una década olvidado y en espera de un comprador

Javier Benito
javier benito LALÍN / LA VOZ

DEZA

Miguel Souto

El deterioro del edificio de estilo racionalista sigue imparable y sin visos de venta, al igual que el inmueble anexo, la conocida como Casa Balado

01 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Como en el popular dicho, el tiempo vuela también para el Cine Lalín. Un edificio de estilo racionalista cuyo deterioro sigue imparable desde aquel lejano 2003 cuando se proyectó la última película en la sala. Los lunes al sol bajaron el telón de ese espacio cultural que ya cumplió más de dos décadas cerrado a cal y canto. Distintas generaciones de lalinenses y dezanos seguro que guardan en la memoria el recuerdo de las palomitas, los filmes en pantalla gigante o los dos gallineros de este cine.

Su compra en el 2008 por la extinta Caixa Galicia, junto al contiguo edificio conocido popularmente como Casa Balado, abría una puerta a la esperanza para una posible restauración. Desde la entidad financiera se descartó acometer un proyecto para devolverle su esplendor al Cine Lalín y optaba por sacarlo al mercado. Toca retrotraerse a octubre del 2013, con un precio de 505.328 euros para la venta fijada por la propietaria en ese momento, la Fundación Novacaixagalicia. Pasaron doce años desde entonces y el cartel de se vende sigue colocado en su fachada, al igual que en la Casa Balado.

En su día se especuló con la opción de promover algún tipo de alquiler social para darle vida al Cine Lalín en espera de su venta. Incluso se habló de trasladar a ese edificio el Museo do Títere u otro fin cultural y social por parte del Concello. Pero el gobierno local del PP descartaba entonces su compra y aunque el cuatripartito barajó también esa posibilidad, tampoco la llegó a materializar. Lo mismo ocurre tras regresar los populares al poder.

Desde el sector inmobiliario siempre se consideró demasiado elevado el precio a abonar en esta venta. Ni siquiera el tiempo transcurrido con los precios del suelo al alza, junto con la céntrica ubicación, parecen animar a un posible comprador para ninguno de los dos inmuebles. La protección con que cuentan en el PXOM y la elevada inversión para devolverlos a la vida tampoco ayudan. Mientras los achaques aumentan día a día, con humedades crecientes, riesgos de desconchones en las fachadas y una imagen deplorable para quienes transitan a su lado.

El futuro del Cine Lalín se presenta sombrío, caído en el olvido entre los cambios vividos por la propiedad —ahora integrado en el patrimonio inmobiliario de la Fundación Galicia Obra Social, de Abanca— y el desinterés del mercado inmobiliario. Solo sirve de escaparate para el Cocido.

De la maqueta a escala a la factura de Laxeiro por decorarlo

Un edificio sin pretendientes, en el Cine Lalín destacan las formas orgánicas de su fachada tras la reforma del edificio en los años

60 del siglo pasado por el arquitecto Emilio Quiroga, rompiendo con los diseños habituales por entonces para las salas cinematográficas. Hormigón y piedra, grandes cristaleras, en un inmueble con relevancia arquitectónica que quedó reflejada en una curiosa maqueta que luce en la óptica Santórum.

La propuesta de escaparate mágico de este negocio se convirtió en una oda al cine. Aún permanece tanto la maqueta del edificio como diversos documentos, tanto originales como copias, además de carteles o metraje de películas, entre otros elementos. Destaca entre esas curiosidades el recibí emitido por Laxeiro a favor de Manuel Balado, fechado en febrero de 1943, para justificar que recibió 3.000 pesetas de aquella época por la decoración interior. Una obra del artista universal lalinense que se perdió en aquella reforma, aunque los más soñadores crean posible que esté oculta tras una pared.

Otro foco de atención lo encontramos en un plano del edificio asentado en la Praza dos Nenos, curiosamente con la escultura de Laxeiro a su vera. En amarillo pintaron las vías de tránsito dentro de este inmueble que merece alguien que lo quiera. Da casi miedo pensar cómo se encuentra su interior dados los años transcurridos sin apenas mantenimiento, con alguna ventana incluso abierta.

Las grietas de su fachada deberían agitar alguna que otra conciencia. Ese patrimonio arquitectónico y memorístico del Lalín de antaño debe perdurar, ahora solo convertido en un panel gigante de anuncios. Triste final después de tantas risas y lloros, de besos furtivos, en su interior.

La opción muy remota de una compra municipal

La rehabilitación del antiguo cine y detener así el avance de su deterioro solo podría llegar por una adquisición pública. Desde el sector privado está descartada en la práctica, visto además el tiempo transcurrido desde que salió al mercado. Por tanto las miradas apuntan al Concello. Y por ahí, al menos a corto o medio plazo, tampoco se atisba un horizonte luminoso. Perdió posiciones y quedó totalmente rezagado al optarse por la compra de la Casa de Álvaro, cuya restauración está en su recta final. Además con la competencia del moderno edificio sociocultural de Rivero ya en activo y en el futuro Expodeza.