EL CRISOL | O |
05 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CADA VEZ nos lo intentan poner más difícil: lo de la comunicación. A poco que nos descuidemos, nos quedamos descolgados sin remisión. Porque nos retuercen los idiomas hasta límites insospechados, sobre todo, con la incorporación de una cantidad de anglicismos que apabullan a quien no tenga unos rudimentos básicos del idioma de la Gran Bretaña. Llegamos al punto de tomar palabras castellanas y ponerles un sufijo inglés para crear nuevas actividades: si te tiras de un puente con una cuerda elástica, resulta que haces puenting. Que de este modo nos queda tan parecido al inglés como el footing, el jogging o el treking. De lo cual, se puede deducir que las palabras acabadas en -ing denotan sudor. Aunque no siempre por actividad física: en el mobbing, por ejemplo, te pueden caer las gotas sin moverte de la silla del despacho. A toda la cantidad de vocablos de importación, que sustituyen palabras patrimoniales, sumé ayer otra: el stretching. Confieso que me quedé de piedra cuando supe que la Casa da Xuventude de Lalín comenzaría a impartir clases de esto la próxima semana. Tan desconcertado estaba, que ni asocié la regla de «-ing equivale a sudoring». Así que practiqué «interneting» y encontré una respuesta a mi desconocimiento; literalmente decía: «El stretching es la forma más común de llamar al estiramiento», o sea, una suerte de gimnasia suave que incrementa la flexibilidad. Pero dicho así, en inglés, el vocablo impone mucho más. A este paso, entre los SMS; las modernidades en -ing -repasar el programa Turisport es un buen compendio, desde el mondioring y el jumping al camping-caravaning-; las consellerías y consellarías; Galicia y Galiza; y tantos otros, aquí no se va a entender nadie. Dicho en lenguaje políticamente correcto, nosotros y nosotras, vosotros y vosotras, y ellos y ellas. El ustedes, mejor no usarlo mucho hasta dotarlo de formas distintas para masculino y femenino.