RASTRO DE AIRE | O |
10 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.DEJEN ALGO para la intimidad, no sean así... El pescador de Rodeiro de los 3,2 kilos de trucha en una pieza hará con la trucha lo que quiera, se la comerá él u otros, la venderá o la regalará, eso o todo lo contrario. Cómo somos. Varios lectores coincidieron en preguntarme quién se comería la trucha, algo que no sabía ni el pescador en aquel momento. A muchos les entra el mundo por el estómago y no por los ojos. Mi mundo es otro. Prefiero imaginarme la gran batalla, como aquellas fantásticas relatadas en la película El río de la vida . No se puede programar como la lucha de hombre y caballo en Sabucedo. La batalla del Arnego es, salvo coincidencia, para la soledad del pescador. Así la vivió Martín Ledo. Y para la soledad de la trucha. La victoria es cara, la derrota también. Cuenta el pescador de Rodeiro, o que colle todas as mellores, que rumia su derrota con otra pieza mayor que rompió su caña y su hilo para siete kilos. Cuenta que prepara esta victoria pendiente con sedal para doce kilos y tiempo para buscarla. Quiere la victoria final más que la trucha. Quiera sacarla del río más que comerla. Si sólo pensara en comerla, como mis interlocutores, jamás sería suya.