RASTRO DE AIRE | O |
15 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.TODO LO que rodea con bruma y niebla Ramón Barcala son sueños. Juego con ventaja. Conociendo que en sus sueños no hay aristas, que sus formas oníricas se aproximan a la poesía más que al suelo firme en el que otros asientan sus figuras, es fácil saber que los valores que trascienden a su obra son reales. Es fácil agarrarse a su verdad de gránulos que dispersan lo cotidiano. Dispersar la realidad, envolverla de colores del mismo color que lo que encierran con textura distinta, con manejo de pincel distinto, traslada del cuadro a la propia personalidad del autor. Juego con ventaja al saber que Ramón Barcala ama Carboeiro. Lo sueña desde hace años y lo pinta como el sueño que nunca será realidad porque ya es lo que es: el gran amor. Amor como las alusiones a Colmeiro, los guiños a la musa emigración, al futuro, a la tradición, al carro, al hórreo, a la gente, al río y a la cunca de vino. Sale de la paleta de Ramón Barcala bruma y niebla para instalarse a media altura visible e inatrapable como un sueño Silleda, trozo a trozo, lienzo a lienzo, y alguna fantasía marinera. Juego con la ventaja de conocer al romántico que estos días me aproxima en el Auditorio de Cruces al sueño y a la poesía.