Llegan miles de personas por las carretera gallegas hacia Silleda. Es una de las dimensiones feriales, aquella reiteradamente apuntada como capital humano que no se puede perder en un recinto como el de la Semana Verde, porque costó años conseguir enfocar el GPS hacia esta localidad. Ayer, para poner los pies sobre la realidad, cualquiera que circulase por las vías de la comarca podía entender sin más retóricas la importancia del evento a nivel local y comarcal. Todos los restaurantes mostraban atasco de coches en sus aledaños. Es riqueza tangible. Estos días y especialmente ayer y hoy se ve otra variable en esta misma línea, la afluencia ferial a mareas, de compra directa, de consumo en el propio recinto. También, riqueza tangible, para el expositor local o del exterior, para la organización ferial traducida de la venta de espacios. Luego, está otra dimensión ferial, la de la imagen, la de los posibles, la de sembrar para recoger posteriormente, la de situarse como referente a nivel local, autonómico, nacional e internacional. De ese camino, cuya riqueza no es tangible a ojo. se aparta la feria, justificando el giro precisamente de la Semana Verde hacia lo multisectorial, hacia la feria de muestras, hacia el comercio directo en el recinto. Justificándolo también en el nacimiento de nuevos eventos, como Cimag o Gandagro, para metas profesionales. La realidad es que se eleva la asistencia, renunciando al cobro de entrada, pero constatándose el crecimiento de metros de comercio directo en el recinto. A la evolución de la otra dimensión, la más compleja, habrá que darle más tiempo.