Mares de plástico y riqueza

La Voz

ECONOMÍA

Almería se ha convertido en una de las provincias más ricas de España gracias a un modelo de desarrollo agrícola que ya es motivo de estudio en todo el mundo.

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

En 1966, Clint Eastwood y Sergio Leone se citaron en el desierto de Tabernas, en Almería, para rodar El bueno, el feo y el malo , un clásico del spaguetti western , el género cinematográfico que durante la década de los sesenta dio algo de vida a una tierra de emigrantes, una zona deprimida que figuraba entonces entre las más pobres de España. Aquel mismo año, a sólo unos kilómetros de allí unos cuantos ingenieros y agricultores locales y de Granada (éstos habían llegado a Almería de la mano del extinto Instituto de Colonización) hacían pruebas tratando de cultivar hortalizas tapándolas con plásticos. Antes habían conseguido agua para sus campos al descubrir un inmenso acuífero subterráneo alimentado por Sierra Nevada. Probablemente, ni los más optimistas podían pensar en aquel momento que esos ensayos eran el comienzo de una aventura empresarial que ha proyectado a la provincia almeriense desde los lugares más pobres de la economía española a niveles de prosperidad similares a los de los ciudadanos más ricos del país. Ha sido el milagro de los invernaderos. Los datos hablan por sí solos. En 1970, Almería era la provincia andaluza más atrasada, con una renta per cápita de poco más de 300 euros, cantidad que no llegaba al 70% de la media española. Hoy en día, sólo tres décadas después, ésta asciende ya casi a los 14.000 euros, ligeramente por encima de la media estatal y muy superior a la del resto de provincias andaluzas. La tasa de paro en municipios como El Ejido, Roquetas de Mar o Adra se sitúa entre el 6 y el 7% -se considera que el pleno empleo está por debajo del 5%- y sus vecinos se enorgullecen al asegurar que allí no trabaja quien no quiere. Las ventas de coches, muy superiores a las de la media española desde hace ya varios años, y la masiva presencia de concesionarios de vehículos de lujo y de entidades financieras son otros indicadores representativos de la etapa dorada que atraviesa una comarca que, hasta no hace muchos años, no era más que un desierto, un lugar idóneo para filmar clásicos del cine como La muerte tenía un precio o Conan . ¿Cuál ha sido el secreto de esta profunda transformación? «Sin duda los agricultores -asegura Jaime de Pablo, profesor de economía agraria de la Universidad de Almería-. A través de un proceso de formación y de su inmensa iniciativa han pasado de ser agricultores a empresarios. Ellos han sido los grandes emprendedores del campo español y hoy son un referente a nivel mundial». Lo cierto es que el modelo de desarrollo agrícola de Almería se está tratando de exportar a Latinoamérica, Asia o África y es estudiado en numerosas instituciones académicas a nivel internacional. El despegue Los avances en los cultivos conseguidos por los agricultores son claves para comprender el despegue económico que Almería ha vivido de la mano del campo. Durante estas tres décadas, los invernaderos han experimentado continuas mejoras tecnológicas (riego por goteo, agricultura hidropónica...) que explican el bum de este sector. En 1966 había en Almería poco más de una decena de hectáreas de invernadero, hoy ya son 26.000. Y creciendo. La estampa es impactante: mares de plástico en todo el Poniente almeriense que proporcionan riqueza a miles y miles de personas. No en vano, más de 12.000 agricultores son titulares de explotaciones, con una superficie media que oscila entre las 2,5 y las 3 hectáreas. Roberto García, director del departamento de economía agraria del Instituto de Estudios de Caja Mar, explica que un invernadero tipo puede dejarle a un propietario un beneficio neto de unos 30.000 euros. Que este es un negocio próspero ya nadie lo duda. Una hectárea de invernadero vale hoy en el mercado entre 40 y 50 millones de las antiguas pesetas. «Lo llamativo -precisa De Pablo- es que muchos recibieron las parcelas gratis hace muchos años para colonizar estas tierras». Y la marcha es imparable. Rafael Fernández abandonó hace dos años su trabajo en Cataluña en una firma de construcción de estructuras metálicas para regresar a su tierra de origen e invertir todos sus ahorros en 15.000 metros cuadrados de invernadero. Hoy no se arrepiente ni lo más mínimo. Manuel García, que tiene una pequeña explotación en la zona de La Cañada, lo explica con claridad meridiana: «Es que nosotros ya no somos agricultores, somos empresarios». En realidad, estudiosos como Jaime de Pablo o Roberto García sostienen que esta vocación ha sido determinante en el crecimiento económico de la provincia. Y es que, una vez resuelto todo el tema productivo, el agricultor almeriense centró sus esfuerzos en hacerse con la comercialización, que en una primera etapa estaba en manos de intermediarios murcianos que compraban sus tomates, berenjenas y pimientos. En los ochenta, empresarios locales crearon las alhóndigas (firmas que subastan a la baja la producción, como en las lonjas de pescado) y centenares de agricultores se agruparon en cooperativas. Este esfuerzo se ha visto recompensado, pues Almería se queda hoy casi todo el valor añadido que genera la venta de su producción agraria, que en 1960 figuraba entre las cinco más bajas de las 52 provincias españolas y que en la actualidad es ya la segunda del país, con un volumen que asciende a 2.000 millones de euros, sólo superados por Murcia. Competitividad La Cooperativa Agrícola San Isidro (CASI), Agro Poniente y Vega Cañada son sólo ejemplos de una industria que tiene en Alemania, Francia o el Reino Unido algunos de sus mercados clave. La última firma fue creada hace dos años con una vocación pionera, al construir una espectacular nave refrigerada de 8.000 metros cuadrados con una inversión de 13 millones de euros. Su gerente, Antonio Quirantes, es contundente: «Aquí hay que venir muy en serio, esta es una zona muy competitiva». Quirantes coincide con los profesores De Pablo y García en que la elevada competitividad, y el consiguiente crecimiento económico, es, contra lo que reza el tópico de la agricultura, producto de las escasas subvenciones que recibe el profesional. «El retorno en este tipo de cultivos intensivos está por debajo del 3%, es decir, de cada 100 pesetas que gana el agricultor, la ayuda no llega a 3. En otros sectores como el plátano o el aceite, ese porcentaje está por encima del 50%». Manuel García es concluyente al respecto: «Aquí no te puedes dormir en los laureles, es preciso trabajar y ser competitivo para salir adelante. Ése ha sido, y seguirá siendo, nuestro secreto». El secreto de la despensa de Europa.