En busca del café de 80 céntimos

La Voz LA VOZ | REDACCIÓN

ECONOMÍA

Cafeterías de Vilalba, Mondoñedo, Vilagarcía, Carballo, Monforte, Viveiro, Lugo o Pontevedra sirven una taza de esa bebida al precio que dijo Rodríguez Zapatero

28 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Vilalba, Mondoñedo, Vilagarcía, Lugo, Carballo, Monforte, Viveiro, ciertas cafeterías de Pontevedra o algunos barrios de A Coruña. Los precios del café en esos lugares confirman que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no andaba descaminado al contestar, el martes por la noche en un programa de TVE, que una tacita cuesta 80 céntimos, lo mismo que en la cafetería del Congreso. Pero ZP no hiló tan fino en caso de comparar su tarifa con la de los bares de Ribeira, donde veraneó antes de acceder a la Moncloa. Allí el café sube a 90 céntimos, la cantidad que también cobran en Ourense o en Pontevedra, urbes en las que, dependiendo del lugar, puede llegar al euro, el precio medio en Vigo o en A Coruña. Ejemplos muy diferentes son los de las cafeterías de hoteles de cinco estrellas, como el Hostal de los Reyes Católicos, en Santiago, donde cuesta 2 euros. O el extremo opuesto: cantinas universitarias donde puede bajar hasta 0,5 euros o Citroën, donde cuesta 0,22. Mercado La cotización del café, que se negocia en el mercado de futuros de Londres y Nueva York, varía tanto o más que el petróleo. Y las diferencias no sólo afectan a la materia prima o café verde (el que compran los tostaderos), sino también al precio final en cafetería. En una misma ciudad, por ejemplo en A Coruña, ir a un establecimiento de un barrio como Os Mallos o elegir uno de la zona centro, en la que se cobra el servicio adicional en mesa al más puro estilo italiano, puede suponer una diferencia de 35 céntimos de euro. Esa horquilla es posible por los elevados márgenes que se lleva el sector hostelero a la hora de servir un café. Según las estadísticas de la Federación Española del Café, la mayor parte de la materia prima que se consume en las cafeterías españolas es de la variedad robusta (cultivado en países como Camerún o Uganda), aunque hay establecimientos más selectos que utilizan el arábigo suave, el cultivado en toda Sudamérica.? En base a la cotización alcanzada ayer por éste último, un tostadero español podía comprar un kilo de café verde de esta última variedad por unos 2,9 euros sin contar los impuestos ni los gastos de transporte. La compañía compradora es la encargada, desde la liberalización de la comercialización en España en 1980, de exportar la materia prima, procesarla, envasarla y distribuirla. Teniendo en cuenta que al tostar el café, éste merma entre un 16 y un 18%, los costes del tostadero pueden suponer en torno a los 5,8 euros, lo que sube ya el precio del kilo de café un 200%. Pero con 1.000 gramos de café arábigo del bueno, una cantidad que un hostelero puede adquirir por unos 12 euros, éste puede servir unos 120 cafés. Echando la cuenta y tomando como referencia un precio medio de 1 euro por taza, el margen con el que juegan los hosteleros descontando también el impuesto sobre el valor añadido (IVA) es el 69% del precio total. Consumo El café es entonces un buen negocio, al menos para la hostelería. España consume, según la Federación Española del Café, 170.000 toneladas anuales de materia prima verde. Los hogares consumen el 58%, mientras que la hostelería, donde se utiliza mejor café, el 42% restante. Pero aquí hay que hacer una diferenciación. Cada español utiliza al año unos 3,9 kilos de este producto, frente a los 9,8 de los finlandeses o los 2,5 de los japoneses, un país en el que beber café equivale a ser moderno. Porque para tradicional ya está el té.