Sacresa, que debe 1.800 millones, presenta el tercer mayor concurso de acreedores de una inmobiliaria
ECONOMÍA
Su caso será estudiado en las escuelas de negocio por representar como ninguno la crisis inmobiliaria que asola España desde hace dos años. Alcanzaron el número uno del sector del ladrillo español, pero su ambición fue el principio de su fracaso. La inmobiliaria Sacresa, controlada por la familia Sanahúja, presentó ayer concurso de acreedores con un pasivo de 1.800 millones, una de las mayores insolvencias de la historia empresarial del país, la tercera solo superada por Martinsa-Fadesa (7.000 millones de euros) y Promociones Hábitat (2.300 millones). El cabeza de familia, Román Sanahúja Pons, era accionista minoritario de la inmobiliaria que su entonces amigo, Joaquín Rivero, había convertido en la mayor de Europa. Pero Sanahúja y sus dos hijos, Javier y Román, fueron más allá, no se conformaron con ser solo consejeros. A partir del 2006 incrementaron paulatinamente su participación hasta que lograron el 80% de la inmobiliaria, dando lugar a la mayor batalla por hacerse con el control de una empresa que se ha vivido en el sector inmobiliario español. Al final de la operación, tanto Metrovacesa como Sacresa quedaron fuertemente endeudadas y el parón de las ventas inmobiliarias les bloqueó financieramente hasta el punto de no poder devolver los intereses (los Sanahúja llegaron a asumir una duda de 6.000 millones), con lo que Metrovacesa pasó a ser controlada por los 15 bancos acreedores, y ahora Sacresa ha acabado en los juzgados. La operación que arruinó definitivamente a la empresa fue la compra de la sede del HSBC en Londres, una torre por la que pagaron unos 1.600 millones de euros. Fuentes de la compañía defendieron que han elaborado un plan de viabilidad para afrontar su actual situación de insolvencia y que se han vistos obligados a presentar el concurso voluntario de cuatro de sus sociedades tras agotar el plazo legal establecido para intentar pactar con la banca una refinanciación de su deuda.