Tendrá que llegar el día en que el suelo industrial, lejos de representar un problema, se convierta en un imán para atraer multinacionales a Galicia. Las dificultades que han sorteado empresas como Ikea, Decathlon o Faurecia para instalarse en A Coruña y Vigo tendrían que haber hecho saltar unas cuantas alarmas. Pero no. Aquí, desgraciadamente, incluso se le ponen trabas para crecer a buques insignias de nuestro tejido productivo como Pescanova.
La plataforma logística de Salvaterra do Miño se ha convertido en una metáfora de lo mal que se hacen las cosas en esta materia. El mayor parque empresarial de Galicia (más de cuatro millones de metros cuadrados) se ideó lejos, sin conexión con una autovía, en terrenos de pésimas características para urbanizar y expropiando de mala manera. El resultado es que, diez años después de iniciarse su desarrollo, no hay ni una sola empresa instalada en él y los recursos judiciales tienen medio bloqueado el Tribunal Superior de Xustiza.
A pesar de todo, ahora solo cabe sacarlo adelante. La planta de baterías de Mitsubishi es un proyecto de demasiado calado. La sentencia que afecta a una parte de los terrenos de Salvaterra ha sembrado dudas. La Xunta asegura que dispone de la superficie que demandan los japoneses. Haría bien en dar todas las garantías. O eso o la imagen de nuestra política industrial quedará otra vez por los suelos.