Monti y Rajoy unieron sus fuerzas para exigir que los fondos de rescate compren deuda en los mercados, algo que Alemania rechaza si no va acompañado de duros ajustes
29 jun 2012 . Actualizado a las 03:23 h.España e Italia unieron ayer fuerzas en la trascendental cumbre de la UE en un intento de lograr que se tomen decisiones urgentes para atajar la presión de los mercados. Mariano Rajoy y Mario Monti acordaron bloquear la aprobación del plan de crecimiento comunitario, que contempla una inyección de 120.000 millones, hasta que se aprueben medidas a corto plazo para recuperar el control sobre la prima de riesgo. El primer ministro transalpino, promotor del órdago al resto de los socios, exige que los fondos de rescate compren deuda en los mercados, una medida que Alemania rechaza si no va acompañada de duros ajustes. Los Veintisiete prolongaron las negociaciones durante la madrugada y afrontarán este viernes una segunda jornada de reuniones para intentar alcanzar un acuerdo.
En el punto más crucial de la crisis, con España e Italia en el filo de la navaja, Europa no da con la tecla para superar sus arraigadas divisines. La primera jornada de la cumbre de la UE discurrió en Bruselas entre confusos avances, negociaciones y mensajes muy crudos. Pese al grito de auxilio lanzado por Roma y Madrid, ambos asfixiados por el acoso de los mercados, el eje del 'no' que lidera Alemania se mantuvo en sus trece.
La buena noticia es que el pulso sigue hoy y cada vez más voces, entre ellas la de Bruselas, exigen medidas inmediatas.
Una Europa dividida entre norte y sur
La frontera que divide el norte del sur de Europa se ha convertido en casi una trinchera desde que estalló la crisis. Con la parte septentrional del continente en una posición económica mucho más desahogada, Alemania enarbola junto a Holanda, Suecia, Austria y Finlandia un discurso férreo y riguroso. En esencia, sostienen que no hay atajos para desactivar la inestabilidad en los mercados. La única fórmula posible pasa por no aflojar con la reducción del déficit y pisar a fondo el pedal de las reformas para volver a crecer en cuanto el viento sople a favor. Con esta base bien clara, siempre se han opuesto a que los fondos de rescate o el propio BCE se lancen a comprar deuda de los socios vulnerables.
Ayer, a su llegada a Bruselas, los integrantes de la liga del 'no' volvieron a reafirmarse en sus tesis. En algunos casos, lo hicieron de forma contundente y sin morderse la lengua. «En última instancia, para Italia y España la única opción es apretar los dientes, reformar el mercado laboral, ahorrar e impulsar el crecimiento», proclamó el primer ministro holandés, Mark Rutte. El líder liberal, que afronta un creciente euroescepicismo en su país, insistió en que no aceptará «nuevos instrumentos» para ayudar a rebajar la estratosférica prima de riesgo que padecen Roma y Madrid.
El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, insistió en la misma línea de austeridad a ultranza. «No creo que vayamos a obviar el hecho de que España e Italia deben ser claros sobre la necesidad de reformas y el compromiso político para aplicarlas», subrayó.
Experiencia escandinava
Al menos, Finlandia se presentó con una actitud más constructiva.
Su primer ministro, Jyrki Katainen, planteó que España e Italia emitan bonos garantizados para reducir los intereses, una medida que ya utilizó el país escandinavo en los noventa durante su grave crisis. Estos títulos están respaldados por propiedades o ingresos fiscales concretos para otorgarles una mayor fortaleza. Katainen aseguró que si los dos socios optan por subastas de este tipo respaldaría una flexibilización de los fondos de rescate. Siguiendo su planteamiento, los mecanismos de emergencia comprarían estos bonos 'premium' en caso de que no bajen los intereses.
La coalición del 'no' se mueve de forma compacta, pero España e Italia no están solas en la cumbre. Su principal apoyo es François Hollande, que desde su llegada a Bruselas apostó por adoptar «soluciones rápidas» para frenar el cerco de los mercados. El líder socialista no detalló sus propuestas, pero el plan presentado por Mario Monti se convirtió en el eje de las negociaciones. El primer ministro transalpino reclama que los fondos de rescate, que suman 750.000 millones de euros, intervengan directamente en los mercados en sustitución del reticente BCE.
La idea de Monti consiste en que los mecanismos de emergencia salten de forma automática cuando la prima de riesgo de un país alcance un nivel preocupante. La posibilidad ya está prevista en la normativa de los dos fondos, pero incluye unas estrictas condiciones. Los países beneficiarios se someterían a una estrecha vigilancia y tendrían que comprometerse a realizar unos determinados ajustes. Convencido de que los socios acorralados en los parqués ya se han apretado el cinturón lo suficiente, el líder tecnócrata plantea que se flexibilicen las condiciones.
El futuro de Monti
Monti también respaldó sus argumentos con una situación que puede tener mucha influencia en sus socios. El primer ministro transalpino soporta una evidente presión en su país porque los costes de financiación no se reducen. Incluso, se teme con que pueda verse obligado a dimitir porque las críticas de los partidos que le apoyan son cada vez más descarndas. En algunos momentos, se ha especulado con que podría utilizar la baza de su renuncia, lo que dispararía la incertidumbre en los mercados, para convencer a sus socios de la urgencia de las decisiones.
Como siempre, Alemania tiene la llave para lograr un posible acuerdo.
Angela Merkel no ofreció demasiadas pistas en la capital comunitaria.
A su llegada a la sede del Consejo, ni siquiera se refirió a la necesidad de actuar para calmar a los mercados. «El centro del debate está en el pacto del crecimiento», aseguró en referencia a las medidas respaldadas para estimular la actividad. En privado, sin embargo, los movimientos eran frenéticos. En paralelo a la reunión de los Veintisiete, que a diferencia de otras ocasiones no tenían previsto hacer un paréntesis para la ver la semifinal de la Eurocopa, los 'número dos' de los ministros de Economía celebraron una teleconferencia para abordar cuestiones más técnicas.
Berlín no se opuso a abrir una negociación, pero parecía poco dispuesta a realizar grandes concesiones. Al parecer, el país germano abogaba por utilizar las herramientas disponibles en los fondos de rescate. A lo largo de la tarde, cobró fuerza la idea de que las emisiones de deuda de España e Italia se avalen parcialmente con los mecanismos, lo que también llevaría aparejadas unas condiciones. Según distintas fuentes, Alemania insistió en que no se podían cambiar las exigencias de unas herramientas que ni siquiera se habían puesto en práctica. Con los mercados al acecho, las decisiones no podrán pasar de hoy.