El empresario que quería encontrar el pollo del mar

Vigo / La Voz

ECONOMÍA

18 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Fernández de Sousa aprendió el oficio de su padre, al que muchos definen como «un empresario de los pies a la cabeza», del que recibió las riendas de Pescanova, uno de los buques insignia de la economía no ya gallega, sino mundial. Siempre las llevó de una manera personalista. Sus deseos se convertían en órdenes para cuantos le rodeaban. Los que le trataron de cerca aseguran que es una persona con muchas aristas, «unas buenas y otras no tanto».

Lo que sí le reconocen hasta sus mayores enemigos es que la Pescanova que él cogió hace casi cuatro décadas no se parece en nada a la que se ha visto obligado a dejar. Multiplicó por cinco la facturación y por diez el tamaño de la compañía.

No podía imaginárselo, pero el principio del fin empezó a gestarse en los primeros años del siglo, cuando llegó a la conclusión de que en la pesca extractiva había alcanzado la cota que podía alcanzar y que, para seguir creciendo al ritmo que lo hacía, tenía que apostar por la acuicultura. Su obsesión era encontrar el pollo del mar, esto es, una especie de engorde rápido, con proteína de calidad y un precio accesible.

Así fue como buscó los escenarios que consideró más adecuados en el mapamundi -Chile, Nicaragua, Argentina, Sudáfrica...- para embarcarse en la aventura de criar a gran escala salmón, rodaballo, tilapia y panga. Con el langostino ya había acertado. Se trataba de repetir éxito. El proyecto era muy ambicioso. Entendía que los mercados de Europa y América del Sur se le quedaban pequeños y que era el momento de dar el gran salto a Asia y a América del Norte. Así proyecto nuevos centros de producción, entre ellos el de Mira (Portugal).

Lo malo es que para crecer a lo grande, necesitaba también dinero a lo grande. Y recurrió al crédito. Todo lo proyectó y lo ejecutó a crédito. Empezó a crecer la bola de nieve. Al principio pudo hacerle frente porque en los bancos y, sobre todo, en las cajas, tenía prestamistas amigos. Pero estalló la crisis, desaparecieron las cajas y la bola de nieve le desbordó.

Mantuvo las apariencias hasta que pudo, pero el castillo de naipes terminó por derrumbarse. Con su mutis de ayer se cierra una de las sagas familiares empresariales que han situado a Vigo y a Galicia en el mapa.