Cinco años después del estallido de la burbuja inmobiliaria, las grandes empresas del sector siguen pagando en sus cuentas de resultados un ajuste que no parece tener fin. Solo en el primer semestre del año, seis de las principales firmas (Martinsa-Fadesa, Reyal Urbis, Colonial, Quabit, Realia y Vallehermoso) acumularon pérdidas superiores a los 978 millones de euros, un resultado que no hace sino empeorar las cifras del mismo período del año anterior, que tampoco invitaban al optimismo, con un roto de 770 millones de euros, lo que supone un incremento del 27 % en las pérdidas.
¿Por qué no se detiene la sangría de las inmobiliarias? Principalmente, porque cada año que pasa venden menos, ya que si bien al principio de la crisis todavía contabilizaban algunas ventas ya apalabradas o podían saldar algunos activos, cada vez les queda menos con qué hacer caja. En los primeros seis meses del año, Martinsa-Fadesa formalizó 112 escrituras y vendió 201 viviendas y locales sobre plano, todas ellas en el extranjero. No son cifras aisladas: Reyal Urbis vendió 39 inmuebles por los 67 de Realia, aunque en el caso de esta última la cifra supone una mejora respecto al mismo período del año anterior, cuando había dado salida a 55 unidades.
La caída de la demanda en el mercado nacional, que no ofrece muchos síntomas de mejoría, está llevando a las grandes del sector a buscar refugio en el exterior, donde no sufren la competencia encarnizada de los bancos, que en los últimos años se han convertido en las principales inmobiliarias del país en un intento de dar salida a su enorme stock de viviendas.
Crac en la Bolsa
Un cóctel explosivo que ha dinamitado el valor de las empresas, cuyo capitalización en Bolsa se ha reducido en más de un 93 % desde el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. No solo es que sus títulos valgan menos, sino que algunas han sido literalmente barridas del parqué. Mientras las acciones de Martinsa-Fadesa siguen suspendidas, manteniendo atrapados a miles de inversores, Metrovacesa -la inmobiliaria con más solera en Bolsa, 72 años- dejó de cotizar en mayo, tras concluir una opa de exclusión lanzada por los bancos que controlaban la mayoría desde el 2009.