El proceso de venta de NCG es el séptimo que tutela la Administración española (primero el Ministerio de Economía, luego el FROB) desde que en marzo del 2009 se intervino CCM. Es el proceso que más interés ha despertado, y también el que más problemas está encontrando, por las quejas de algunos interesados ante la falta de conocimiento de todas las condiciones. En el entorno del Fondo de Reestructuración (el FROB) se niegan esas acusaciones: «Se está siendo totalmente transparente con los interesados». Según esas fuentes, los bancos y fondos que están pujando están recibiendo toda la información,
Con todo, siguen sin despejarse ante la opinión pública dudas razonables como, principalmente, si el comprador recibirá algún tipo de ayuda o si la adquisición incluirá una reestructuración de plantillas y oficinas. «Eso forma parte de las ofertas de cada uno», explican las fuentes consultadas.
Lo de las ayudas no es un asunto nada menor: NCG ha recibido, en tres tandas diferentes, casi 9.000 millones en ayudas, y ha traspasado a la Sareb (el banco malo inmobiliario) todos sus activos tóxicos vinculados al ladrillo. «Dar nuevas ayudas, con el saneamiento que ha tenido el banco, sería difícil de explicar», apunta un analista que pide no ser nombrado.
La posición sindical
Ante este escenario de incertidumbre sobre quién será el nuevo dueño de NCG, los sindicatos optan por no decantarse, a pesar de que el proceso, en función del adjudicatario, podría conllevar un nuevo ajuste de oficinas y empleos (sería el quinto, desde la fusión). Ayer CC.?OO. rompió su silencio para justificar su «difícil» papel en estos momentos. «Ante la falta de información sobre los proyectos de las entidades y fondos que permanecen en el procedimiento de venta, no podemos pronunciarnos sobre qué opción es preferible. Sería una temeridad el hacerlo a ciegas», explicó este sindicato en un comunicado a los trabajadores. Aseguran que su prioridad sigue siendo la defensa del empleo, pero su postura pasa por aguardar a conocer el resultado de la subasta y, a partir de ahí, hablar con los nuevos interlocutores y movilizarse lo que haga falta, llegado el caso. Pero, de momento, «en la situación actual, no haremos nada que se pueda interpretar como que nos decantamos por una opción que desconocemos».