El alivio de la plantilla contrasta con cierta incertidumbre entre los impositores
20 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Temos boas sensacións». La opinión que ayer se pulsaba entre los empleados de una oficina de Novagalicia Banco en Lalín era un buen termómetro del estado de ánimo de una plantilla que se ha pasado años con el aliento contenido ante la fusión, bancarización, nacionalización y subasta de lo que un día fueron las cajas gallegas. Etapas que se sucedieron sin solución de continuidad y que abrieron una herida que sangró miles de empleos, algo que explica en cierta medida la esperanza generada en la plantilla por la venta de la entidad a un banco que, como Banesco, ha hecho del mantenimiento del empleo y de los centros de decisión en Galicia uno de los estandartes de su oferta.
«Se nos comprara un banco español sobrariamos a metade», reconocían ayer ya con cierto alivio en una oficina, y aunque la mayoría de los trabajadores consultados se declaraban «á expectativa» para ver cómo se desarrollan los acontecimientos, algunos no disimulaban su satisfacción por el resultado de la subasta: «La verdad es que estamos muy, muy contentos», reconocía una trabajadora de Ribeira. Porque en la plantilla, además de valorar que por fin se acaba la gran incertidumbre de quién sería el nuevo dueño de NCG, valoraban también que el comprador, Banesco, «é un grupo serio».
Entre la clientela, las opiniones eran muy diversas. De los que conocían la operación, eso sí, porque había muchos impositores que todavía no sabían que Novagalicia tenía ya nuevo dueño. Quizá el mayor recelo lo provocaba que este fuese un banco venezolano, aunque integrado dentro de un holding empresarial con sede en Madrid y, por tanto, a salvo de los vaivenes del Gobierno venezolano.
Pese a eso, hay quien piensa que «en Galicia a este paso solo nos van a deixar o nome». Uno de ellos es José López, cliente desde hace 34 años: «No me gusta demasiado que sea un banco de Venezuela, más que nada porque en esos países la seguridad jurídica para las empresas es cero. Cualquier día el presidente le da por decir que lo cierra, porque se levanta cruzado o lo expropia, porque para ellos los españoles somos el enemigo capitalista». A otros, como a Yolanda Tosar, de A Coruña, lo que les enoja es la venta en cadena de empresas españolas: «Lo poco que tenemos nos lo están llevando, sería mejor que el comprador fuese de España». «Sabemos que o capital non ten patria, pero os cidadáns que vivimos aquí temos algo de patria e estamos regalando parte da nosa propiedade e das nosas raíces, ademais de perder todos os españois 8.000 millóns de euros», remarca Santos Tembrás, junto as Carlos Lamas, Juan Pita y Horacio Corral, todos clientes de NCG en la comarca de Ferrol afectados por las preferentes.
Otra impositora atrapada por estos productos tóxicos, Luisa Rodríguez, de Carballo, cree que la venta de la entidad no servirá para mejorar su situación «e moito menos para resolver o problema dos afectados polas preferentes e subordinadas». En ese sentido, criticó al Gobierno por permitir que Banesco comprase solo las acciones de la entidad en manos del Estado «deixando fóra do acordo aos grandes afectados, os maioristas e minoristas con preferentes e subordinadas, que terán que reclamar os seus dereitos pola vía xudicial».
La mayor esperanza ayer entre los clientes es que la operación salve al menos el empleo en Galicia. «Que sea positivo para los empleados», deseaba Benito Fernández, en Pontevedra, mientras que Vicente Renda, trabajador jubilado de banca, recuerda que Banesco «está en proceso de expansión, por lo que no creo que vayan a cerrar oficinas. Al menos es lo que dicen, otra cosa es lo que hagan».
La operación vista desde Galicia
Información elaborada con las aportaciones de D. Vázquez, S. Luaña, M. G.ª Balseiro, R. Ramos, F. Ulloa, T. Longueira, M. Hermida, N. D. Amil y B. Couce.