Se tome como se tome, la llegada de carga de trabajo a un sector en el alambre como el naval es una buena noticia. No sobra. A partir de ahí, conviene apuntar matices, los que han faltado en este proceso con muchas sombras, contradicciones, dilatado en exceso, altamente politizado (ahí está el gran error) y polarizado. Pemex no es el salvador del naval gallego, pero si cumple con todo lo que ha ido apuntando en estos últimos 20 meses, estará cerca.
El ruido en campaña. Le guste leerlo o no al presidente de la Xunta, los floteles (trabajo), al fin y al cabo fueron su contundente arma electoral en el otoño del 2012. Un argumento que seguro le reportó votos en Vigo y Ferrolterra, territorios con entre el 25 y el 30 % de paro. Porque (como todo en esta vida) hay quien cree que la palabra de un político en campaña es como el BOE. Le guste o no leerlo a la oposición, los floteles vienen a Galicia, algo que tanto habían cuestionado. Tarde, sí. Pero ya está. En algún despacho seguro que la noticia se recibió a regañadientes.
La semilla. Lo de Pemex en Galicia, por ahora, se ciñe a la compra de un astillero, Barreras, lo único certificado documentalmente en el Registro Mercantil. Y mucha intención: otros pequeños barcos, transferencia de tecnología gallega, instalaciones en punta Langosteira... No habría por qué dudar de una de las mayores multinacionales del planeta. Ha plantado semilla en Galicia. Esperemos que brote. Y pronto.