27 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Abanca es la consecuencia de que el presidente Núñez Feijoo no hubiese cedido a las presiones de Génova para eliminar a Galicia del mapa financiero nacional. Aquellos fueron tiempos difíciles marcados por luchas políticas y económicas retorcidas y muy intensas. Abanca es el compromiso de miles de ciudadanos orgullosos de su identidad, y de la fidelidad de los clientes que no sucumbieron a amenazas veladas de políticos carroñeros. Hoy existe futuro porque hubo pasado, con el que aunque se pretenda no se puede romper. Los gallegos son agradecidos y saben perfectamente quién hizo qué. Dijo ayer Juan Carlos Escotet, presidente del grupo Banesco -el que manda-, que la sociedad ha conseguido un banco con alma de caja, responsable, que no mentirá y que sabrá enmendar. Escotet se emocionó y bordeó las lágrimas. No es para menos. Este es su principal proyecto. Garantizó que aportará el 3 % de los beneficios de la entidad a la obra social durante 30 años. Quizá así gane la confianza de las vidas rotas por los desmanes financieros. El que manda también recordó que «la vida nos ha hecho cambiar para ser los mismos», para ser un banco que «cando chova, se molle contigo e conmigo». Ojalá se cumpla el sueño.