Javier Flores: «La lenta y torpe acción de los supervisores ha aumentado el daño»
ECONOMÍA
La Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver) ha sido la primera organización en denunciar ante la justicia el caso Gowex: hace exactamente una semana. El responsable de su servicio de análisis, Javier Flores, pone el dedo en la llaga de este nuevo escándalo que -frente a quienes, como el gobernador del Banco de España, minimizan su alcance- está teniendo un coste, quizá el mayor en términos reputacionales, para los mercados españoles. Y Flores lo tiene claro: la inacción supervisora ha sido crucial.
-¿Cómo es posible que Gotham descubriera un fraude y en casa Gowex fuera sinónimo de éxito?
-Si alguien a miles de kilómetros de distancia ha sido capaz de detectarlo, sin ningún acceso a documentación interna, solo a partir de documentos públicos y de información que está en Internet, ¿cómo quienes sí tenían acceso durante estos cuatro años a esa misma documentación, pero también a la interna, no lo han detectado? Esto es, el auditor, el asesor registrado e indirectamente el supervisor. En el mejor de los casos, alguien ha actuado con una falta de diligencia o no ha hecho su trabajo tan bien como debía, parece evidente.
-Su denuncia no es solo contra Gowex...
-En lo que estamos trabajando es en lograr la recuperación del daño que se les ha causado a los inversores. Esto pasa por una acción judicial que no es solamente contra la empresa, sino dirigida contra todos los que consideramos responsables, y que tienen, alguno de ellos -Ernest & Young, el asesor registrado, en concreto- el tamaño y la solvencia para hacer frente a ese daño.
-Con el antecedente de Pescanova tan reciente, ¿esto nos va a pasar factura en un momento en el que buscamos atraer inversores internacionales?
-Sin duda. El daño mayor es el reputacional y no es tanto consecuencia del escándalo directamente de la presunta falsedad de las cuentas, sino de la torpe y lenta actuación de los supervisores. Si hubieran actuado con contundencia, de un modo rápido y coordinado, ese daño reputacional no se habría producido. O no habría sido de tanto alcance.
-¿Dónde cree que está la principal carencia en la supervisión?
-En Ernst & Young, por supuesto, como asesor registrado, y además en la falta de coordinación entre la CNMV y BME. Creemos que la legislación es suficiente, es correcta, pero no se ha cumplido.
-Pero el ministro de Economía ha dicho que posiblemente hubiera que modificar la legislación...
-Sería suficiente con cumplirla. Lo que aquí ha pasado es que, por un lado, BME y CNMV han hecho un extraño juego de pelota, por el que cada uno elude su responsabilidad, y ha habido zonas que nadie ha supervisado y controlado. Y por otro lado, el asesor registrado parece que no ha desarrollado todas sus capacidades y responsabilidades, y todo esto es lo que ha sido aprovechado por la empresa.
-¿El problema está en su salida al MAB o en el control posterior?
-En ambas cosas desde el principio. Aquí parece que nadie ha supervisado nada. Y ese es el problema. Que durante cuatro años y de modo continuado no se haya detectado es lo insólito.
-¿Están desprotegidos los inversores?
-Absolutamente. Hay dos principios básicos en los mercados que aquí no se han cumplido: que debe primar siempre el interés del inversor y que es requisito obligado que haya transparencia en el mercado. No se puede operar con asimetría informativa. Y aquí se ha permitido 48 horas.