
Las zonas francas de Vigo y Barcelona se alían para impulsar proyectos rivales
01 dic 2023 . Actualizado a las 12:45 h.La alianza entre las zonas francas de Vigo y Barcelona para captar fondos europeos (Next Generation) destinados al desarrollo del coche autónomo amenaza la competitividad gallega en el sector, justo cuando se cumplen seis años del hito que situó a Galicia en la élite investigadora del vehículo sin conductor.
El 23 de noviembre del 2015, un C4 Picasso robotizado, fabricado en la planta gallega de PSA y equipado con ingeniería del CTAG (Centro Tecnológico de Automoción de Galicia) viajó en modo autónomo, sin manos al volante, desde Vigo hasta el centro de Madrid. Fue un hecho inédito en España y en Europa, y el primer paso de una revolución de la industria del motor y en la automovilidad que ya no tiene marcha atrás. Desde entonces, la conducción autónoma se ha convertido en uno de los pilares de la investigación y la innovación del sector en Galicia, centralizado en el CTAG.
Para seguir avanzando, el centro tecnológico lleva tiempo trabajando en un proyecto que empieza a cobrar forma: un gran circuito cerrado de pruebas para testar prototipos autónomos de fabricantes de toda Europa. La infraestructura ya tiene suelo asignado en la Plataforma Logística de Salvaterra-As Neves, promovido por el Consorcio de la Zona Franca de Vigo y un presupuesto de 25 millones de euros. El ente estatal vio la oportunidad de conseguir la inversión necesaria en los fondos europeos Next Generation, pero para optar a ellos, el Gobierno central le vio más opciones al plan si este iba de la mano del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, que proyecta una iniciativa aún más ambiciosa.
Una amistad peligrosa
La alianza entre zonas francas cuajó y ambas propuestas de desarrollo del vehículo autónomo han sido incorporadas al proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica (PERTE) del Vehículo Eléctrico y Conectado, integrado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Galicia aspira a construir con los citados fondos un despliegue de pistas que abarcan una superficie de 10 kilómetros, articulado en torno a un circuito cerrado, en donde se replicarán condiciones de rodaje seguras para el vehículo autónomo y conectado, manteniendo la confidencialidad de los constructores.
Pero la Zona Franca de Barcelona es más ambiciosa y aspira a construir no uno sino dos circuitos de pruebas para el vehículo autónomo «en un área industrial sostenible, intermodal y digital y poniendo su infraestructura al servicio de este laboratorio de pruebas». Este entorno, contará además con la presencia tanto de grandes empresas como de pymes, «permitirá explorar la necesidad de la movilidad conectada que la industria necesita y, a su vez, realizar las pruebas de concepto en un entorno real basándose en casos de uso que puedan trasladarse al mercado», dice el proyecto catalán que, pese a ir en el mismo PERTE rivaliza de forma directa con el planteamiento del consorcio vigués.
Conviene recordar que desde hace casi un decenio, la conducción autónoma y conectada es ya una línea de negocio activa del CTAG. En sus laboratorios y bancos de pruebas, fabricantes de toda Europa, además de Stellantis (antes como grupo PSA), siguen testando la tecnología que incorporan a unos vehículos cada vez más conectados e inteligentes, que interactúan con la carretera y avanzan en autonomía de conducción.
Pero Cataluña también ha visto el negocio. «El peso que tradicionalmente ha tenido el sector de la automoción en esta área industrial son dos elementos que nos impulsan a participar activamente en este proyecto», afirma el delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, Pere Navarro.
Un circuito de pruebas vital para el vehículo conectado y para el futuro del sector
Algunas de las pruebas necesarias para aumentar el nivel de autonomía de los vehículos se desarrollan de manera virtual -simulación- o en centros específicamente creados para este fin, porque el desarrollo en carretera abierta, aunque es imprescindible, y se hace de forma acotada, a día de hoy es limitado para testar con fiabilidad esta tecnología. «Un coche normal sale al mercado tras hacer un millón de kilómetros de prueba. Un coche autónomo necesitará 100 millones de kilómetros rodados», explican desde el CTAG. «Precisamos espacios para hacer ensayos de estos vehículos válidos de forma rápida y segura», añaden para explicar la necesidad de un circuito como el que está proyectado en la Plataforma Logística de Salvaterra-As Neves.
En esta aventura que espera fondos de la Unión Europea para hacerse realidad, el CTAG y el Conorcio de la Zona Franca de Vigo cuentan con un socio estratégico, Cellnex Telecom.
Además, el centro tecnológico gallego participa en el proyecto europeo de investigación sobre conducción autónoma más importante llevado a cabo hasta la fecha. Se denomina Hi-Drive, y tiene la misión de probar y validar la conducción autónoma en escenario complejos, en los que ahora no resulta posible un comportamiento suficientemente seguro. Con el CTAG participan más de 40 socios, entre ellos, la práctica totalidad de los gigantes del automóvil (Volkswagen, Stellantis, Seat, Renault, Volvo o Toyota) además de los centros europeos de referencia de innovación en el sector del automóvil.