El alza de sueldos y cuotas envía de nuevo al mercado negro a 5.000 empleadas de hogar en Galicia

G. Lemos REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Martina Miser

El salario mínimo sube un 61 % en siete años y alcanza los 9,26 euros la hora

27 mar 2025 . Actualizado a las 17:33 h.

La subida del salario mínimo interprofesional es ya una realidad, después de que el Boletín Oficial del Estado publicase ayer el real decreto que eleva el SMI hasta los 1.184 euros en cada una de las catorce pagas anuales, un alza de 50 euros o, lo que es lo mismo, del 4,4 %.

Un incremento que se hará efectivo con carácter retroactivo desde el pasado 1 de enero, de forma que los más de 2,4 millones de trabajadores beneficiados por el incremento cobrarán los atrasos correspondientes al primer mes del año, al tiempo que se cubre el vacío legal que provocó la derogación por parte del Congreso del decreto ómnibus, que dejó temporalmente al país sin salario mínimo, al no prorrogar el del ejercicio anterior.

El decreto actualiza, además, la retribución mínima de los trabajadores eventuales y temporeros que prestan servicios menos de 120 días al año para una misma empresa, cuyo jornal no podrá ser inferior a 56,08 euros. En el caso de las empleadas de hogar (en femenino, porque son mujeres la inmensa mayoría de estas trabajadoras), se fija una retribución mínima por hora de 9,26 euros, lo que supone un 4,4 % más que los 8,87 euros vigentes hasta ahora y un incremento del 61 % respecto al 2018, cuando estas empleadas cobraban 5,76 euros por hora.

Un incremento que ha sido directamente proporcional a la caída del número de trabajadoras de hogar afiliadas a la Seguridad Social, que ha retrocedido algo más de un 16 % en el conjunto de España en ese mismo período de tiempo, al pasar de 417.600 cotizantes en enero del 2018 a 350.400 en el mismo mes de este año. La tendencia en Galicia es incluso más acusada, ya que se dieron de baja 5.000 empleadas de hogar, un retroceso del 18,5 %. Una caída que coincide no solo con el ascenso del salario mínimo, sino también con el cambio en el régimen de cotización de estas trabajadoras domésticas, ya que desde el 2023 el empleador es el único responsable del ingreso de las cuotas a la Seguridad Social, una obligación que hasta entonces podían asumir las propias empleadas si prestaban servicios menos de 60 horas al mes en una casa. Un cambio legal que ha afectado sobre todo a aquellos hogares donde el trabajo doméstico se limitaba a tareas de limpieza unas pocas horas a la semana, que ahora deberían asumir un sobrecoste de al menos 80 euros mensuales solo para abonar las cuotas sociales, lo que hace que muchos opten por contratar estos servicios con empresas especializadas.

Economía sumergida

Además, como explica Alejandra Gesto, secretaria general de la Federación Hábitat de Comisiones Obreras en Galicia, el hecho de que las estadísticas reflejen la desaparición de cinco mil empleos en el sector en la comunidad no quiere decir que esos puestos realmente se hayan destruido, sino que se ha producido «un aumento da economía somerxida», de forma que muchas familias han dejado de cotizar por sus empleadas o lo hacen por menos horas de las que efectivamente realizan: «Queren ter traballadores na súa casa, pero non traballadores con dereitos», afea.

Gesto destaca que los abusos en el sector exigen una actuación decidida, tanto desde el punto de vista migratorio, por la existencia de mafias que captan a estas empleadas en origen y las traen a España para trabajar sin ser dadas de alta, como desde la Inspección de Trabajo, que en este campo ve limitada su actuación por la inviolabilidad de los domicilios particulares pero aun así tiene herramientas para reforzar los controles.

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El salario mínimo rinde menos en España que en Polonia

Con una subida del 82 % en los últimos diez años, España es el país de Europa occidental donde más se ha incrementado el salario mínimo, diez puntos por encima de Portugal y duplicando el avance en Grecia. Los 1.381 euros mensuales españoles (prorrateado el SMI en doce pagas, para obtener datos comparables a los que ofrece la oficina estadística comunitaria Eurostat para el resto de países) serían el séptimo salario mínimo más elevado de la UE, tras adelantar a Eslovenia en el último decenio, pero aún a mucha distancia de Francia (que este año ya supera los 1.800 euros), Bélgica (2.070), Alemania (2.161), los Países Bajos (2.193), Irlanda (2.282) y Luxemburgo (2.638).

En el otro lado de la tabla se sitúa Bulgaria, con un salario mínimo de 551 euros al mes, que puede parecer muy escaso pero es el triple del que había en el país hace una década, un incremento solo superado en Lituania (con un alza del 246 %, lo que le ha permitido superar ya la barrera de los mil euros mensuales) y en Rumanía, donde el salario mínimo se ha disparado un 274 % en ese mismo período. Y es que es en los países del Este donde más se notan en las nóminas (y en los precios, claro) los efectos de la convergencia, tanto que el salario mínimo en Polonia, aunque inferior nominalmente al español ya rinde más que este si se compara en términos de paridad de poder de compra (es decir, equiparando el coste de la vida en los distintos países). Según Eurostat, haciendo tabla rasa con los precios, el salario medio polaco equivaldría a unos 1.523 euros, frente a los 1.517 de España. Es decir, que pese a cobrar casi 300 euros menos al mes (el salario mínimo polaco está fijado este año en 1.091 euros mensuales), un trabajador de ese país podría adquirir más bienes y servicios que un español.

Más cerca de Francia

Si se quiere ver el vaso medio lleno, la estadística también muestra que, medido en esos mismos términos de paridad de poder de compra, el sueldo más bajo en España está a punto de alcanzar al francés, con menos de 90 euros de poder adquisitivo de diferencia.