Tomarse un helado cuesta este verano un 35 % más que antes de la pandemia

Emiliano Vizcaíno / M. M. REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Nacho Cubero | EUROPAPRESS

El coste de los insumos y las materias primas ha espoleado los precios, situación que atañe al cliente y al productor

26 ago 2025 . Actualizado a las 13:18 h.

El aumento de las temperaturas y el consumo de helados, y sus precios, crecen de forma proporcional; mientras que las cantidades y tamaños de los productos parecen reducirse cada vez más.

De acuerdo con los últimos datos del índice de precios de consumo difundidos por el INE (IPC), el coste de los helados se ha incrementado un 35 % desde el 2019. Y se estima que de aquí a final de año registre otro aumento de entre el 5 y el 10%.

Brígida Hermida, dueña de la reconocida heladería artesanal ubicada en el centro de Santiago de Compostela Xearte Brigitte, y miembro de la Asociación Nacional de Heladeros Artesanos explica que «es un conjunto de circunstancias lo que ha incrementado los precios. Sobre todo los insumos. La electricidad ha subido muchísimo, el coste del personal se ha duplicado y son factores que afectan al mercado del helado. Hay materias primas que se han encarecido bastante, como es el cacao o el azúcar», asegura.

Este ascenso de los precios no ha hecho, sin embargo, demasiada mella en el consumidor, aunque es consciente de él. Según una investigación de Innova Market Insights (Tendencias de los helados: panorama del mercado mundial) España fue el cuarto país a nivel mundial que más helado consumió en el 2024.

Fuera de las heladerías tradicionales, la tendencia se replica. Este sector representa el mayor porcentaje de ventas, siendo el supermercado el canal principal. Un buen ejemplo, según Business Insider, es lo ocurrido con el precio del Frigo Pie, uno de los productos que más tiempo lleva en los congeladores y uno de los predilectos del público. En 1983, su coste era de 0,18 euros (30 pesetas). En el 2017 se llegó a vender a un euro; y en la actualidad se comercializa al doble.

Dentro del supermercado, en busca del testimonio de un vendedor, una clienta se queja de que el helado está más caro que nunca. El dependiente, que pide mantenerse en el anonimato, comenta que desde el inicio del año los precios han subido de media en 20 céntimos en ese local. Asegura que es recurrente que la gente se queje del encarecimiento, pero matiza que ellos no pueden hacer mucho al respecto. 

Acelerón a partir del 2023

Brígida Hermida señala el punto de inflexión en el 2023. «Fue ese año cuando se empezó a acrecentar muchísimo. Fue entonces cuando sufrimos un fuerte incremento del coste de la electricidad y, sobre todo del azúcar, que alcanzó un precio récord». Con la vista puesta en lo que está por venir, Hermida asegura que quienes se dedican al mercado del helado artesanal están prácticamente forzados a seguir subiendo los precios si quieren mantener la calidad de sus productos. En su caso particular, reconoce la dificultad que entraña tratar de mantener el equilibro entre un coste razonable y un beneficio para el negocio. Busca que su clientela, considerada como fiel y local, no se vea afectado a corto plazo. «[Este año] voy a tratar de mantener el coste, pero sin bajar la calidad. Si el año que viene tenemos que aumentar el precio, seguramente lo incrementaremos, pero nunca bajaremos la calidad de la materia prima con la que estamos trabajando», asegura rotunda.

En ciertos casos, y en el de los helados también, el mantenimiento de los precios, e incluso el encarecimiento, va acompañado de una reducción de las cantidades que contienen los envases. Un fenómeno identificado hace ya algunos años en países con Estados Unidos o el Reino Unido, donde se bautizó como Shrinkflation (en castellano, reduflación).