De acaparar poder municipal y superar al PSdeG, a la nada, así bajaron las mareas
ELECCIONES 2020
La guerra entre las cúpulas ahogó una corriente ciudadana espontánea que nació en el 2014
03 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.En el 2011, miles de ciudadanos acamparon en las plazas españolas en un movimiento bautizado como 15M que surgió del hartazgo de la población por la crisis, los recortes y los rescates de los bancos. En el 2012 nació Alternativa Galega de Esquerda (AGE), una iniciativa de Anova y Esquerda Unida que colocaba los objetivos comunes de la izquierda por encima de los intereses nacionalistas. En el 2013, los casos de corrupción agitaron a la ciudadanía contra los partidos tradicionales, sobre todo, el PP y el PSOE. En el 2014, Podemos dio la campanada en las elecciones europeas y, siguiendo su estela, se crearon por toda España movimientos vecinales que reivindicaron el poder popular por encima de los partidos políticos. En Galicia, esas corrientes tomaron el nombre de mareas, que en las elecciones municipales del 2015 transformaron el malestar ciudadano en candidaturas locales que se hicieron con 120 concejalías en las corporaciones municipales y con el gobierno de concellos como Teo, Val do Dubra, Manzaneda o A Pobra, y con los de las ciudades de A Coruña, Santiago y Ferrol.
Las mareas llevaban como bandera ser la voz en las instituciones de la «xente do común», y ese lema lo hicieron suyo también los dirigentes políticos que las representaban. Contaban entonces con el beneplácito de conocidos personajes de la izquierda y de la cultura, como el escritor Xosé Luís Méndez Ferrín; el fundador de Siniestro Total, Julián Hernández; el pintor Antón Patiño o Manuel Rivas. El escritor, que formaba parte de la Marea Atlántica y de Somos Maioría, abogaba por superar los clásicos enfrentamientos entre la izquierda y el nacionalismo, y decía: «Nesta marea os partidos terán que estar presentes con representantes individuais, porque o acordo entre cúpulas voltará ser imposible».
Los partidos tradicionales no sabían cómo reaccionar. El BNG, pero también el PSdeG, veían a sus militantes refugiarse en las mareas, y otros como Anova y Podemos decidieron apoyar e impulsar esas plataformas y minimizar sus siglas en favor de la «unidade popular» y las «mareas en común».
Tras las municipales llegaron las autonómicas, y las mareas decidieron asaltar la Xunta. Así nació, en julio del 2016, En Marea, tras una multitudinaria asamblea en Vigo a la que no faltó ninguno de los actores que lograron situar a seis parlamentarios y dos senadores en las elecciones generales del 2015 -que luego, en las del 2016 se quedaron en cinco diputados y una senadora- y a catorce diputados más en el Parlamento de Galicia, con 273.523 votos, 17.142 más que el PSOE.
Pero no se había logrado el asalto a la Xunta. Feijoo gobernaba de nuevo, y esta vez con mayoría absoluta, así que el candidato promovido por Xosé Manuel Beiras y Antón Sánchez -por parte de Anova-, y Xulio Ferreiro, Martiño Noriega y Jorge Suárez -como alcaldes de A Coruña, Santiago y Ferrol- y que habían ido a buscar a casa para hacerlo presidente, cayó en desgracia. Al magistrado en excedencia Luís Villares le hicieron la vida imposible desde el minuto cero, y los partidos que habían escondido la cabeza detrás de las siglas de En Marea volvieron a asomarla para reclamar su cuota de poder.
Podemos nunca se sintió cómodo dentro de En Marea y dejó de acudir a sus asambleas. EU siguió la senda marcada por la formación morada, y los partidos nacionalistas y las mareas locales -Anova, Cerna, Compostela Aberta, Ferrol en Común, Marea Atlántica, Marea de Pontevedra o Marea de Vigo, entre otras- fueron tomando posiciones a favor o en contra de Luís Villares, que se quedó solo tratando de defender a En Marea como partido instrumental.
Fracasado el proyecto colectivo, ya solo les quedaba defender el éxito de las mareas locales, y las cúpulas de los partidos enfrentados, que ya volvían a enarbolar sus siglas y sus banderas, pelearon encarnizadamente por sus favores ante la cita del 26M. El resultado del escrutinio del pasado domingo los dejó a todos sin argumentos. Las mareas pasaron de 120 a 88 escaños y de 105.000 votos a 67.000; de la marea alta del 2015 a la bajamar del 2019. Ni siquiera el mástil del socorrido espacio local sobrevivió a la derrota.
Dos imágenes recientes expresan a la perfección el fracaso: la del escritor Manuel Rivas, que acudía a un acto de campaña del BNG, y la renuncia por los malos resultados electorales de Luís Rei, líder de Marea de Pontevedra, una de las plataformas más activas en aquella efervescencia del 2014.
¿Crear otro partido (y sería el enésimo) para intentar de nuevo la «unidade popular»?
La resaca electoral del 26M ya daba a entender que el sector próximo a Anova, Podemos y las mareas municipales afines a los críticos de En Marea no iba a tirar la toalla pese a la debacle en las urnas. Y así lo confirmaron las declaraciones que en los últimos días hicieron Antón Gómez-Reino y Antón Sánchez sobre la posición de sus formaciones -Podemos Galicia y Anova- en el futuro de la arena política gallega.
Y está claro que seguirán dando batalla, aunque sea agarrándose al escaso apoyo electoral que ahora mismo les queda. Podemos se aferra a los dos diputados obtenidos el 28A para arrogarse la condición de líder de ese nuevo proyecto al que se podría sumar Anova.
El nombre es lo de menos, aunque está claro que sería al margen de En Marea y sin Luís Villares. La denominación En Común que Podemos Galicia adoptó para su candidatura en las generales podría ser la marca bajo la que se agrupasen de nuevo los partidos y las mareas municipales que se hacen llamar rupturistas y que no quieren saber nada de Cerna, de En Marea ni de las agrupaciones municipales que se colocaron del lado de Villares.
Como en un eterno retorno, sería una nueva versión de Alternativa Galega de Esquerda, que enterraría el modelo de adscripción individual en el que se basó En Marea para recuperar el protagonismo de los partidos. En el 2014 eran EU y Anova, de cuya escisión surgiría después Cerna. Ahora, los socios en este enésimo sueño de «unidade popular» serían Anova, EU y Podemos.